Dejadnos en paz, taurinos

Cada vez es más escandaloso. Ya no se tapan. Se retroalimentan unos con otros. Cogen impulso para volver al ataque al día siguiente.

Como si de una cruzada contra el aficionado exigente se tratara, la colección de periodistas, comentaristas, articulistas, cronistas, tertulianos, columnistas, vividores, callejoneros, sastres, exiliados y roneantes afines al taurineo vierten toda su bilis en sus espacios y medios de información taurina. Con un micro o con un teclado. Cuenta el fondo y no la forma. La cuestión es culpabilizar a parte de los clientes más fieles que tienen. Los que más dinero se gastan. Los más activos en la defensa de la tauromaquia. Los que reciben palos por parte de taurinos y antitaurinos.

La mordida exigida a los toreros por parte de los portales taurinos de referencia les imposibilita relatar con veracidad lo ocurrido en el ruedo. Y ojo, existen muchísimos puntos de vista, pero toda la crítica contra el aficionado duro luego no se ve nunca con toreros, empresarios y determinadas ganaderías (a otras les dan sin piedad). Posiblemente para no perder esa paguita de la que hablamos y es tan necesaria para mantener sus medios publicitarios. O para no perder los pases de prensa. O los pases de callejón que son muy golosos. O simplemente para ganar la simpatía del torero y creerse amigos del alma. Muchos se sienten pagados con un abrazo de un matador y un par de entradas gratis. En tapar, desviar la atención, culpar a terceros y dar jabón, estos publicistas son unos auténticos maestros. Para eso también hay que valer.

El desprecio al que están sometidos ese tipo de aficionados (acertados o no en sus opiniones) es constante. Para justificar ese ataque sin respiro utilizan el comodín del respeto. Esa palabra que a tantos viene grande. Se ve, según ellos, que el aficionado exigente es irrespetuoso a más no poder con los que se juegan la vida. Los reventadores serán los culpables de que un torero no se arrime o que un toro salga con tres puyazos de chiqueros y nos muestre su lengua en el tercer capotazo. Como dijo hace años Simón Casas hay que terminar con estos integristas. Palabra del señor. Y a ello se dirigen entre todos.

Del mensaje que transmite esta tropa se entiende que la afición actual es más dura, intransigente, maleducada e irrespetuosa de la historia de la tauromaquia. ¿Se creerán sus mentiras? Como son más interesados que tontos, no me creo que se traguen sus bulos. De sobras saben que el nivel de exigencia está bajo mínimos y en gran parte es debido a que no hay periodistas que les saquen los colores a los toreros cuando se lo merecen. Lejos han quedado las broncas -tan toreras, por cierto-, las trifulcas, las protestas o las crónicas de según quien que con una frase te hundían. De hecho, no hay exigencia ni por parte de los matadores consigo mismos. Todo les vale porque nadie les pide un esfuerzo más. No se pican unos con otros, no sacan la garra torera, no quieren borrar al compañero, no parecen figuras. ¿A quién beneficia este espiral decadente de triunfalismo y comodidad?

A ver si se nos mete en la cabeza de una vez que protestar, silbar o incluso pegar una buena bronca no es perjudicial para la tauromaquia. Tampoco estaría de más dejar tranquilos a los aficionados que ya han escuchado suficientes sandeces en estos últimos tiempos. ¿Se imaginan otro ámbito en el cual el cliente sea tan maltratado como en la tauromaquia?

Un comentario en “Dejadnos en paz, taurinos

  1. Así es, el tratamiento de los profesionales y sus voceros (prensa, TV y ciertos portales) con el aficionado es kafkiana. No existe ningún sector económico que se insulte y se desprecie al cliente como sucede aquí.

    Sobre la forma de retransmitir las corridas:

    1. Siguen retransmitiéndolas desde una única y excluyente óptica, la del torero. Además, cayendo la mayoría de las veces en el ridículo. Que si el toro se “desliza”, que si tiene “ritmo”… ¿Están hablando de un toro o de un ejercicio de gimnasia (o baile de salón)? Si el toro es encastado o exigente para el torero, el toro es malo. Más vale la ternera facilona que el toro exigente. Luego pasa lo que pasa, el aficionado acaba opinando sobre el toro como si fuese él el torero y te dice que si el toro tiene “cara torera” (ridículo máximo) o “cierra la cara” o “no enseña las puntas”, se creerá que lo va a tener que lidiar él.

    2. Triunfalismo vergonzoso. ¡¡Que estoconazo!! (un bajonazo desde el costillar), ¡¡ha estado cumbre con el toro!! (mil trapazos desde la oreja)… tratan al aficionado como si fuese tonto. Esto en Toros Tv este año se ha acentuado, se les ve acojonados con las figuras, será por el veto de algunos los años anteriores a Molés… es un peloteo en muchas ocasiones embarazoso para el espectador. Desagradable, incómodo, ver al periodista humillarse de esa manera. ¡Póngase de pie hombre!

    3. Nula labor pedagógica. No enseñan nada al aficionado. Ni cómo se debe picar, dónde hay que colocar al toro, ni cómo es la suerte de matar… ni la colocación… Sobre la lidia no dicen NA-DA.

    Conclusión: Al aficionado lo tienen cada vez más rebotado y como los que (mejor) explican las cosas suelen ser los aficionados “integristas” (blogs, tertulias, artículos…) pues el que tiene un mínimo de afición e interés se pasa al lado oscuro. Mientras, el público general menguante que viene y va, se entera de poco y cada día está más despistado y es menos. Y el espectador televisivo, consumidor de las revistas populares y de los portales que todos sabemos, los cuales no hace falta nombrar (mundotoro, cultoro…) cada vez es más ignorante. Porque sólo les han enseñado si el toro tiene “cara torera”, está “cuesta abajo” o “se expresa con clase mientras se desliza”. Y luego, pasa lo que pasa, que el aficionado te lo sentencia con cara circunspecta en la barra del bar, como si se fuesen a poner él delante. “Oye, ese toro no vale que no se desliza”.

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