Mientras esperamos la sentencia del Constitucional…

Lo lógico sería hablar de esa monstruo de Valladolid o de, por vivido, de ese Bilbao que aun colea porque cada vez se acerca más a Barcelona por tantos motivos. Pero no. Toca llamada a lo nuestro cuando sigue haciendo falta porque la sangre tira y duele por mal que estemos.


Y los nuestros, pues mal también. Si de aquel tridente que quedaba ya hubo uno (Jesús Fernández) que cambió el oro por la plata, Serafín Marín y Abel Robles continúan en su empeño de, de paso, representar a esta Catalunya Taurina. El primero, fuera de Madrid, no encontró un solo hueco ni en el maratoniano ciclo isidril ni a lo largo y ancho de la temporada. No ha habido sitio para Serafín especialmente en Las Ventas, la única que puede hacer sonar un nombre. Que sí, que ni es novedad ni su último paso por allí fue el mejor. Pero, hombre, mira uno, por recientes, esos últimos nombres que cerrarán temporada en Madrid y ve a Arturo Macías. Y con mi respeto, pero que me justifiquen que ahí, en ese día al menos, no podía entrar. Y claro que tira el paisanaje, faltaría más. Pero hubiera sido tan de ley que en Madrid se hubieran acordado de uno de los nuestros con triunfos no hace tanto en ese ruedo como que en Andorra (Teruel) no se hubieran pasado por el Arco del Triunfo la promesa a Abel Robles.

Quitamos un ciclo de novilladas para poner una corrida y una de rejones (montajes, cambios y favores al poder), para faltar a la palabra de ese ayuntamiento, de su alcaldesa y de sus concejales de poner al triunfador del 2015 allí. Y con eso, al garete uno de los pocos contratos de Robles. Pero no duele nada que se quiten novilladas ni festejos para los que más lo necesitan.

Solamente pensar que alguien puede echar de menos ese apoyo, esa llamada a alentar cualquier situación que por aquí tengamos, es ser, cuanto menos, optimista. Y ahí entra en juego la Monumental: último mes de agosto con cuatro domingos, cuatro. Que por tres hacen doce a los que hay que restar tres por aquello de los juegos de Matilla. Quedan nueve puestos que se rellenan con esos toreros que tanto se reclaman por que se les cierra el paso. Esa segunda fila que en el verano barcelonés tenía su sitio por aquí. Ahora, ni aquí ni allí. Pues así cinco años con este sin que nadie vea que aquí se vetó mucho más que la libertad de acudir a pasar por taquilla.

Ni lo vieron ni lo ven. Suerte que ya llega septiembre y la promesa asegurada de que el Tribunal Constitucional dictará sentencia. Ahora dicen que va en serio. En 25 días, la solución o la continuación del enigma.

Quizás no sepan que lo serio, lo vergonzoso, es que estemos así casi seis años después de presentarse el recurso.

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