Prieto de la Cal defiende su modelo ganadero y aborda los casos de Morante, Ceret y Madrid

La sala del Hotel Oriente de Barcelona volvió a llenarse. Afuera, la ciudad seguía su pulso cotidiano; dentro, el tiempo parecía medirse de otra manera. La UTYAC abría el año con Tomás Prieto de la Cal y, desde el primer instante, se supo que no sería una charla más.

Sentado junto al letrado y aficionado Joan Adell, sin afectación ni retórica sobrante, el ganadero habló como hablan los hombres de campo: despacio, mirando de frente, dejando que cada frase encontrara su peso.

El toro de Prieto de la Cal

Ocupó un lugar central de la conversación el tipo de toro que cría en su casa y la decisión de mantener sin cruces la línea Veragua. El ganadero reconoció que en sus inicios probó con dos sementales de Torrestrella, pero no dieron resultado, por lo que optó por continuar únicamente con la sangre original. Insistió en que nunca ha querido vender animales de su hierro a otro ganadero —“el que siempre quiso comprarme algo fue Palha”. Don Tomás definió su toro como “bajo, musculado, noble, con mirada penetrante”, destacando su “salida espectacular rematando en burladeros y luego alegre en varas”.

En este sentido, explicó también su concepto de la lidia: “No me gustan nada las faenas largas. Busco un toro que se emplee en el caballo y le queden 12-15 muletazos”, antes de resumir su visión con una frase significativa: “No hay animal que se parezca más a su amo que un toro bravo”.

Otro de los asuntos destacados fue la consanguinidad, inevitable en una ganadería cerrada. Prieto de la Cal explicó que trabaja con 28 familias y que la distancia genética entre ellas puede ser muy grande. Señaló que, en ocasiones, mantiene vacas de poca nota para no perder determinadas líneas y reconoció el doble filo de esta particularidad: “Vivimos con la consanguinidad. A veces los problemas también se resuelven a base de consanguinidad. En algunos casos ayuda y en otros no”.

En este punto reiteró su convicción de mantener intacta la base genética: “Tengo muy claro el toro que me gusta y sé que mi única virtud es mantener esta sangre bicentenaria. Si elimino eso porque me voy fuera ya seré uno más”. Don Tomás contó que su madre dijo: ‘Si lo vamos a cruzar mejor lo matamos’.

A la pregunta de cómo son las tientas en su casa, respondió con claridad: “Una vaca recibe al menos cuatro puyazos y, cuando son utreras o cuatreñas, seis o siete”. Subrayó que en su ganadería los tentaderos son serios y que las vacas se tientan en puntas: “Yo no sé por qué se tiene que afeitar a las pobres vacas. Yo tiento las vacas en puntas, unas astifinas y otras astigordas”. Explicó además que procura que sean vacas ya hechas: “Intento que sean utreras, que tengan una mente ya formada, que no embistan por inercia. Lo ideal serían cuatreñas, pero económicamente no puedo soportar tanto tiempo sin lidiar”.

La decepción con Morante de la Puebla

La conversación derivó hacia la encerrona de Morante en El Puerto de Santa María. El recuerdo sigue siendo espinoso. “Alguna vez he hablado con él, pero nunca de lo que pasó ese día. Tengo mal recuerdo. Él fue el inventor de esa corrida», empezó Don Tomás. “Una tarde cuando Morante era novillero iba a brindarle un novillo de otra ganadería a mi madre y ella se lo impidió: ‘Tiene que ser un toro mío’, le dijo. Años más tarde, en un tentadero en casa, Morante comentó que iba a matar seis toros suyos y ella le respondió: ‘Bien, Morantito, ya me podrás brindar un toro’.”, contó con gracia el ganadero.

La mente de Morante no es una mente fácil. Ese día su mente voló y lo hizo todo al revés. Él quería hacer una lidia antigua, poner banderillas… y no hizo nada de lo que tenía pensado.” A modo de reflexión personal, añadió que «quizá haya una segunda parte en el subconsciente que no permite vislumbrar las consecuencias de un éxito ante toros de Prieto de la Cal. Tal vez hubo presiones de sus compañeros, que pudieron pensar que el público les exigiría después matar una de Dolores, una de Escolar, etcétera. Pero eso son suposiciones mías.”

En relación con las figuras actuales, Prieto de la Cal expresó su preferencia por Pablo Aguado frente a Juan Ortega y recordó que el sevillano acudió recientemente a tentar a su casa, toreando vacas “con trapío y en puntas”. Reconoció que si algún día Aguado decide encerrarse con 6 ganaderías distintas, le gustaría que le llamara y «si me toca un picador que me gusta voy». También dejó claro que «una corrida para los de arriba no me interesa ni lo más mínimo, ni por todo el dinero del mundo”.

El veto de Céret

Trató también otro asunto delicado como es Ceret, a raíz de la corrida que lidió en septiembre de 2011, un festejo que no organizó la ADAC. “Hubo un desencuentro, no con la ADAC, sino con la persona encargada de la gestión taurina, Juan Carlos Carreño. Me dijo que si yo lidiaba en septiembre no volvería a Ceret. Le pregunté si era una amenaza. Le respondí que, si me anunciaba en otro sitio, no llevaría la corrida a Ceret. Es la única amenaza que he recibido a nivel taurino y le dije que, por eso mismo, iría aunque fuera gratis. Han cumplido su amenaza”.

Aun así, Don Tomás subrayó la importancia de la feria: “Es una de las tres más importantes, junto con Vic y 3 Puyazos. El trabajo que hace la comisión es muy bueno. Yo voy donde me compran mis toros; no lo hice con ninguna mala intención, pero no acepto amenazas”.

La ausencia de Madrid

Sobre su ausencia en Madrid, fue directo: “mi relación con Simón Casas es nula. Nunca he lidiado en una plaza suya. La empresa de Madrid lleva diez años sin llamarme.” Una afirmación que evidenció su distanciamiento con la actual gestión empresarial.

Maxime Solera, presente en el acto

El coloquio concluyó con la intervención del matador francés Maxime Solera, que se encontraba entre el público y subió al escenario para acompañar al ganadero y al moderador.

Solera recordó sus triunfos como novillero en Calasparra con novillos de Prieto de la Cal y expresó su ilusión ante la corrida que matará de esta ganadería en Vic.

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