Así va la temporada

Estamos entrando en el tramo final de la temporada taurina. A la espera de la Feria de Otoño y la feria del Pilar zaragozana ya se puede empezar a valorar lo que ha dado de sí el ciclo taurino de este año.

Lamentablemente el balance es más que negativo. Seguimos con la dictadura del boboencaste, con un exceso de “indultitis” aguda y con la adulteración del espectáculo impuesta por estas falsas figuras de mazapán que siguen menospreciando el arte del toreo con sus ventajismos y exigencias. Bilbao, por ejemplo, ha perdido el norte. O mejor dicho, ha perdido el toro. En buena parte de los festejos bilbaínos se han lidiado auténticas novilladas con el asqueroso aditamento del descaste y la invalidez. El triunfalismo, por otra parte, invade por doquier todas las plazas de la península, idolatrando ídolos de barro, indultando toritos sin picar y devaluando la categoría y autenticidad del espectáculo. La Fiesta está en horas bajas. Los toreros jóvenes que prometen solo ven toros por la televisión. Sin embargo, regresa Ortega Cano, Pepe Luís Vázquez y otros toreros agotadísimos que solo atraen a “cuatro” papparazis despistados.

Morante, uno de los toreros más cuentistas de la historia taurina, cortó alegremente su temporada con un argumentario vergonzoso. Morante nunca ha podido con ningún toro, ha vivido siempre del cuento del arte y la inspiración. ¡El arte no tiene miedo! A Morante le va solo el medio toro moribundo, ese toro “artista” que no aguanta más de una vara en el caballo y que está siempre predispuesto a reverenciales genuflexiones. Otro que se dice que se va es El Juli. ¡Ya era hora! El Juli le ha hecho mucho daño a la tauromaquia por ser un mal referente de muchos muchachos que se inician en el arte de Cúchares. Su toreo ventajista, despegadísimo, facilón y pueblerino, ante toritos descastados y tullidos, tiene el corolario infame de su tristemente famoso “julipié”. Sin duda alguna, la forma de matar de El Juli es un insulto a la tauromaquia y a la autenticidad de la suerte suprema. La Fiesta no necesita ni a “Morantes” ni a “Julis”. Necesita toreros poderosamente artistas como Antonio Ferrera que, según mi modo de ver, ha sido el gran triunfador de la temporada por su toreo auténtico, plástico y dominador. Ferrera ha cuajado grandes tardes en las que ha puesto de acuerdo a todo el mundo. La seriedad de sus faenas y el respeto al toro le entronizan como uno de los referentes más plausibles para las nuevas generaciones de toreros.

No queremos dejar este primer apunte valorativo de la temporada, sin recordar la presentación del novillero catalán Abel Robles en la plaza de Las Ventas de Madrid. Con muy poco bagaje y sin cortar trofeos, Abel demostró unas enormes ganas y exhibió, además, un acrisolado toreo muleteril que resultó muy del agrado de la afición venteña. Por su ilusión, enorme voluntad y, principalmente, por la calidad de sus dos faenas, merece repetir actuación en la primera plaza del mundo. Las actuaciones de Abel en Madrid ilusionan por su convicción, seguridad y por su bello trazo. Deseamos que este esfuerzo se vea compensado nuevamente y que podamos ver al torero de Olot en las principales ferias.

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