Nos vemos en la Monumental

Tan solo es una vuelta a la normalidad. Tras seis años de espera (y de desespero también) a que el Tribunal Constitucional dictara una sentencia, tras cinco años con la Monumental cerrada a golpe de decreto, tras más de 25 años de acoso y derribo a la Tauromaquia en Catalunya, solamente se trata de eso: normalidad.

No existe debate porque no lo hay. Es mucho más que eso. Ahora, vuelve a haber la posibilidad de elegir si acudir o no a ver una corrida de toros en casa, en nuestra casa, en nuestra Monumental, sin debatir ni convencer. O, por qué no, también en esa reconvertida plaza de Tarragona o en la más antigua de Olot. Los aficionados a los toros volvemos a respirar aires de una libertad robada desde aquel 28J que vino a decir que existía una clase de catalanes a extinguir, al menos de sentimiento. Ahora, el Constitucional dice que no somos menos, que tenemos el mismo derecho a acudir a una plaza de toros que los que no lo hacen Que existimos. Porque, ahora sí, la partida debe estar terminada.

Si hemos aguantado como hemos podido todas las embestidas que desde el Parlament nos han llegado, ahora toca disfrutar. Tenemos la razón de una sentencia que nos dice que ellos se extralimitaron en una ley que nunca se debió aprobar. Durante su entrada en vigor, el 1 de enero de 2012, ha estado vigente, se ha aceptado y se ha combatido por lo legal. A esta sentencia, se une la declaración de la Tauromaquia como Patrimonio Cultural Inmaterial del país surgida de una ILP promovida desde la Federación taurina catalana.

No veo debate, no veo polémica, no veo ataque ni defensa. Veo justicia. Y libertad.

La responsabilidad, ahora, está, especialmente, en el lado de la propietaria de la Monumental. En ella recaerá el compromiso y fortaleza de hacer uso de una ley que les permite levantar una persiana echada desde hace demasiado tiempo. Apta está para albergar corridas de toros como lo ha hecho en este tiempo con conciertos y distintos eventos.

En los que se sienten heridos por una sentencia que tumba una ley surgida del Parlament, especialmente los que allí habitan, recae la responsabilidad de aceptar que se equivocaron. De aceptar que hicieron lo que nunca debieron hacer: prohibir un espectáculo legal al que acudían miles de aficionados y, de paso, dividir entre buenos y malos catalanes. Que acepten sin más lo que ni es cuestión de estado en la calle ni es una derrota. Es una victoria brutal para Catalunya. Ni Balañá ni nadie abrió las puertas de la Monumental bajo la etapa negra de la prohibición. Tomen ejemplo, no vayan a saltarlo todo a la torera. Es parte de su obligación. Tampoco creo que pidamos tanto los que tanto hemos permanecido en esta resistencia, en esta cruzada que ahora llega a su fin. Es cuestión de elegir, de decidir. Que dejen esa decisión en nuestras manos. Ya no es cosa suya.

La próxima cita, sin fecha, es en el coso de la calle de la Marina, a la que pedimos que aguantara y aguantó para que nos volvamos a encontrar.

Nos vemos en la Monumental.

(Publicado en elperiodico.com)

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