Historia de la plaza de toros de las Arenas I

El gran auge de la tauromaquia en Barcelona  se inicia a principios del siglo XIX con la construcción de la plaza de toros de las Arenas; Un bellísimo  coso taurino que se levantó en terrenos de la plaza de España de una Barcelona que ya contaba, desde 1835 con la plaza de El Torín de la Barceloneta.

Entre el difícil acceso para ir en carruaje a los toros en la vieja plaza , que no agradaba mucho a la clase alta, y su aforo que se iba haciendo pequeño por la masiva afluencia de espectadores, hizo que se impulsara la construcción de nueva una plaza que pudiera albergar mayor número de localidades y estuviera mucho más céntrica. Los terrenos fueron adquiridos por Julio Marial, un reconocido constructor de la época que había pagado por el solar la cantidad: 79. 920 pesetas. ¡Una autentica fortuna en aquellos tiempos!
El señor Marial se sentía feliz, pues, su operación había resultado todo un  éxito y la plaza, cuyas obras totales habían ascendido ha: 780 000 pesetas, gozaba de la aprobación de la mayor parte de la ciudanía barcelonesa, que veía en los festejos taurinos su mayor espectáculo de ocio y que acudía con pasión y en masa a los toros, como así había demostrado en la plaza de la Barceloneta. El citado constructor no solo fue impulsor de la plaza de Las Arenas, también su empresa gestionó las obras de monumentos realmente importantes de Catalunya como: El Arco de Triunfo, El pantano de Flix, El Palau de les Heures, El Teatro Principal o el mítico Hotel Oriente de las Ramblas, entre otros.
La construcción de una nueva plaza fue proyectada por el arquitecto Augusto Font i Carreras que le dio un estilo  claramente mudéjar por sus arcos de cerradura en rojos y blancos y su fachada de obra vista en su conjunto exterior, labrados en los capiteles de los arcos interiores.  El número de localidades ascendía a 14. 893, al contario de El Torín, que no llegaba a los 12 000 espectadores y su ruedo tenía 52 metros de diámetro. Disponía de cinco corrales, diez chiqueros y sus tendidos tenían veinte filas, el piso segundo seis y en el tercero se situaban las andanadas.

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