Quizás, quizás, quizás

Quizás si la presentación del ganado hubiera sido más aceptable…

Quizás si el palco hubiera sido más riguroso…

Quizás si la afición no hubiera perdido la afición…

Quizás…

Muro vivió una tarde de fuertes contrastes en la que el festejo quedó en demasiados tramos eclipsado por la benevolencia de los premios y la falta de criterio uniforme a la hora de valorar las actuaciones.

El festejo quedó marcado desde el principio hasta el final por el indulto de Antonio Ferrera al primero de la tarde. El toro de El Capea ofreció clase y ritmo, pero también es discutible que su nivel de exigencia justificara tal concesión.

Ferrera lo recibió con dos largas cambiadas en tablas y lo llevó con intención hacia los medios, iniciando una faena de rodillas que conectó rápido con el público. Hubo momentos de intensidad, entrega y valor sobre ambos pitones cuajando una faena cargada de verdad. El indulto, más festivo que meditado, marcó ya el tono de la tarde.

Miguel Ángel Perera se encontró después con un toro de correcta presencia pero de escaso vuelo. Lo intentó por el pitón izquierdo, donde dejó pasajes de firmeza, pero la faena nunca terminó de coger pulso ni continuidad. Hubo voluntad, pero también demasiada insistencia en una obra que se fue diluyendo sin romper en los tendidos. El cierre por manoletinas y la estocada tras varios descabellos dejaron un balance de silencio justo.

La novillera Olga Casado cortó dos orejas en una labor de más concesión que exigencia. Destacó su temple inicial con el capote y algún pasaje ligado por el derecho, pero la faena careció de profundidad real. Al natural el novillo se impuso y la obra perdió limpieza. Aun así, el premio resultó excesivo para lo mostrado, especialmente teniendo en cuenta las carencias del conjunto.

La segunda aparición de Ferrera volvió a elevar el listón de la emotividad. Ante un toro justo de fuerzas, tiró de oficio y paciencia, logrando momentos estimables al natural en tandas de mayor verdad. Sin embargo, el desarrollo del toro condicionó claramente el resultado. La invitación a Gabriel Pericás en banderillas aportó ambiente, pero no debería desviar la lectura de una faena sostenida más por el oficio que por la clase y fuerza del animal. El rabo concedido es totalmente desproporcionado.

Perera cerró su actuación con otro toro venido a menos, ante el que volvió a mostrar su mejor versión al natural, con muletazos de trazo largo y serio empaque. Sin embargo, la falta de redondez en el conjunto y el apagón final de la faena impidieron que la obra trascendiera. El premio de vuelta al ruedo al toro también contribuye a una lectura excesivamente generosa del conjunto.

La tarde se cerró con la novillera Olga Casado ante un novillo encastado que la superó. Sin voluntad ni oficio la faena perdió todo el sentido, perdiendo los pasos y sin entender al animal. Lo intentó por el izquierdo sin éxito, deslucida y dando pases con el pico de la muleta y siempre estando fuera. Mucho ruido y pocas nueces… Estocada delantera y dos orejas sin sentido.

 

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