Treinta años presidiendo corridas en Bilbao dan para mucho. Para equivocarse, para acertar, para escuchar aplausos y broncas. Muchas. Porque si algo aprendió el público barcelonés durante el coloquio con Matías González es que un presidente no está para caer bien.
“Estoy de presidente porque me siento libre”, explicó Matías en uno de los momentos más interesantes de la tarde. Probablemente ahí estaba la clave de todo. Libre para devolver un toro cuando considera que debe hacerlo. Libre para negar un trofeo aunque la plaza entera lo reclame. Libre para discutir con empresarios, ganaderos o toreros cuando entiende que el reglamento y su criterio le obligan a hacerlo.
Por eso tuvo interés la cita organizada por UTYAC en el restaurante 3 Encinas de Barcelona. Porque hasta allí acudió Matías González, el presidente más famoso del mundo. Y posiblemente también el más polémico. Lo primero puede ser consecuencia de lo segundo.
Matías habla como preside: sin titubear. Aunque pueda comentar errores.
Si algo le distingue a de la mayoría de presidentes es que no se limita a esperar los toros en los corrales. Va al campo para anticiparse aunque las decisiones tomadas en las ganaderías, recalca, no son vinculantes. Y ahí empezó una de las lecciones de la tarde. Contó que por las ganaderías se produce un auténtico desfile de modelos. Veedores, empresarios y toreros visitan las fincas dos y tres veces y todos los toros les parecen enormes. Sin excepción. Él, sin embargo, si encuentra alguno justo de trapío o impropio para Bilbao, lo dice. Luego llegan las discusiones. Las negociaciones. Los lamentos. El famoso “no hay más toros”. Y curiosamente, según relató entre las risas de los asistentes, siempre terminan apareciendo algunos toros con más trapío que estaban escondidos en otro cercado.
Entre anécdota y anécdota apareció uno de los episodios más delicados del coloquio. Su experiencia en Céret, donde presidió en 2013 dos corridas, una de Palha y otra de José Escolar. Aterrizó en una plaza que no conocía, se dejó aconsejar por quien no debía y cuando quiso corregir el rumbo ya era tarde. La define sin rodeos como una experiencia horrible, hecho que le hizo negarse a presidir en otras plazas que no sea Bilbao (a excepción de Huerta de Rey donde preside algún festejo cada año).
Para Matías González, un buen presidente debe reunir seis cualidades fundamentales:
- Conocimientos taurinos, para comprender lo que sucede en el ruedo y tomar decisiones fundamentadas.
- Responsabilidad, sin hacer dejación de funciones ni mirar hacia otro lado cuando toca decidir.
- Autoridad, que no se impone, sino que se gana con las decisiones tomadas a lo largo de los años.
- Independencia, porque un presidente no puede estar sujeto a órdenes, presiones o intereses ajenos.
- Criterio, tanto para elegir el toro adecuado para la plaza como para conceder trofeos, devolver reses o resolver cualquier incidencia que se presente.
- Sensibilidad, porque el reglamento es imprescindible, pero no siempre basta para interpretar todo lo que ocurre en una tarde de toros.
Y como contrapunto a esa última cualidad, dejó una confesión que sorprendió a los asistentes: “La despedida de Enrique Ponce es la única vez que he aplaudido desde la presidencia. Incluso me puse en pie”. Un gesto excepcional en alguien que lleva más de tres décadas tomando decisiones desde el palco. Después de tantos años gobernando con la cabeza, tampoco parece un delito concederle un instante al corazón.
Cuando terminó la comida, los aficionados abandonaron el restaurante con la sensación de haber escuchado a una persona que piensa por sí misma. En tiempos donde casi todo el mundo tiene instrucciones, argumentarios o miedo a molestar, Barcelona recibió la visita de un hombre libre.
Y eso explica muchas cosas. Entre ellas que sea el presidente más famoso del mundo.

