Una oreja y dos patines

Se hizo larga la espera, pero ya volvíamos a estar bajo el sol abrasador de Céret. Las notas de “Le paseo“, que empezaron a sonar con quince minutos de retraso, se vieron interrumpidas para proceder al minuto de silencio (sepulcral) en memoria de las víctimas de Niza, Víctor Barrio y Fernando Palha.

Curro Díaz, debutante en Céret, se las tuvo que ver con el lote más fuerte de la mansa corrida de Aurelio Hernando. El primero, excelentemente presentado, tomó cuatro varas, sin emplearse en demasía. Curro dejó algún muletazo puntual y aislado al de Aurelio, que pasaba más que embestía. Al final resultó ser el de mejor condición de sus cinco hermanos lidiados. El momento dramático llegó cuando el de Linares entró a matar al ser prendido aparatosamente por el pecho quedándose algunos segundos colgado del pitón. Afortunadamente todo quedó en un susto. Tras matar de un bajonazo, dio una vuelta al ruedo.

Más asentado en el cuarto, Curro intentó exprimirlo al máximo pero la faena no fue a más. Muy torero toda la tarde.


Llegaba el turno de Fandiño, que no está ni se le espera. Tampoco esperó el presidente, que inexplicablemente cambió el quinto de Aurelio por manso antes de tomar la primera vara. Con el quinto bis, justo de presencia, Fandiño alargó una faena vacía de contenido. Con su primero, que entró tres veces al caballo, pero huía al sentir la puya, no realizó nada digno de mención. Sin coger la izquierda, sin exponer y sin apreturas pasó por allí. Sin pena ni gloria. Eso sí, antes de irse mató de una soberbia estocada a su segundo oponente que provocó una leve petición de oreja que hubiese sido un premio exagerado a una faena insulsa.

Pérez Mota volvía a Céret después de la buena actuación del año pasado. En esta ocasión, el gaditano se mostró más desconfiado, le costó entender el soso tercero, que tampoco iba a ser el que ofreciera una buena pelea en el caballo. Intentó agradar aunque le faltó acople y quedarse quieto. El sexto de la tarde fue devuelto por feo y salió un toro bien presentado de Zaballos. Con el de Saltillo llegó la emoción a Céret. Embistió por abajo queriéndose comer el capote y humillando. Fue entonces cuando sonaron los únicos olés de la tarde. Al de Zaballos le costó tomar las dos varas. Pérez Mota hizo un esfuerzo, lo intentó por ambos pitones y consiguió buenos naturales, templados y profundos. Tuvo un toro complicado y exigente para poner Céret boca abajo y no lo puso. La sensación de peligro constante y las embestidas encastadas del manso sexto bis contribuyeron a la concesión de la oreja. Una oreja barata para concluir una tarde llena de mansos.

Aun así, mañana volveremos a sentarnos en esa piedra caliente bajo el sol de Céret. ¿Qué tendrá Céret?

Céret, 16 de julio de 2016. Casi lleno. Toros de Aurelio Hernando, bien presentados en lineas generales (salvo el quinto bis) y Miguel Zaballos (sexto bis). Curro Díaz, vuelta al ruedo tras petición y ovación con saludos; Iván Fandiño, palmas y ovación con saludos tras petición; Pérez Mota, silencio tras aviso y oreja tras aviso.

Destacó Iván García con los palos en el tercero de la tarde.

 

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