2017: El año del regreso a la Monumental

Arrancó el 2017. Tras el parón navideño por aquí, retomamos la actividad que debería incrementarse con el paso de los meses si todo acaba donde debe. Mientras, ponemos la mirada en la temporada que está a punto de arrancar. Dos meses no son nada.

Menor parecerá la espera en cuanto empiecen a salir esos primeros carteles de Castellón y Valencia con el aperitivo de Valdemorillo. Llegarán los de Sevilla para su feria este año de mayo, los primeros de Madrid con su nueva gerencia tras la llegada del productor Casas. Servirá todo para ir tomando el pulso a este 2017. En el tema ganadero pocas sorpresas previstas, con dos ligas bien diferenciadas entre unos encastes y otros, alineados los espadas de la misma manera. Y surgirá el debate, como no, necesario entre el aficionado. No hace falta más que darse una vuelta por esas redes sociales (que, ojo, cada vez resultan más previsibles entre la negación grosera de unos y el aplauso servicial de otros) para tomar ese pulso de como han sentado los primeros hierros anunciados para la Magdalena, Fallas y Abril. Y es normal el mosqueo.

Pronto, también, empezarán las quinielas sobre el anunciado relevo entre los coletas, sobre quien o no debe sentarse a la mesa, dependiendo, claro está, del menú ofrecido. Así parece ser este 2017 en el que la tauromaquia continúa buscando su acomodo social, político y legal. Ahí es nada. Duro y prolongado trabajo que se pospone año tras año, temporada tras temporada, generación tras generación.

Y Barcelona. O Catalunya. O la Monumental. Continúa el silencio empresarial con la música de fondo del canto de la espera y la paciencia, mientras el toreo (y no digamos la afición catalana) se juega mucho, mucho más que una reapertura y un puñado de espectáculos. Posiblemente, la vuelta de los toros aquí supondría de una tacada el acomodo buscado: el social (convivir distintas posiciones por encontradas que parezcan y sean), el político (respeto desde las administraciones catalanas que deberán tratar esta disciplina artística como a cualquier otra) y el legal (la que nos ampara a nivel estatal y la que ha quedado derogada con la sentencia del Constitucional).

Tres de una tacada. Así, otra vez, Catalunya puede volver a estar poniendo en bandeja una pista de despegue a la controvertida situación. Lo hizo el recordado Gibert impulsando la ILP con el esfuerzo de miles de aficionados y lo podemos volver a hacer ahora. Sí, está la otra parte, la otra posibilidad que, hoy, no debemos contemplar. Al menos de momento por aquello de estar a 9 de enero, pero que podría acelerar muchísimo la desolación y la cuesta abajo sin frenos.

2017. El año en el que debemos volver en cuanto vayan para adelante. En cuanto rompan el silencio empresarial. La afición está, sin duda, esperando la llamada.

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