Entre obras, vitrinas y un vestido robado de Manolete

Dos vitrinas vacías. Andamios. Escombros. Obra nueva. Todo entre el silencio, mezclado con la soledad. Un continuo goteo de turistas de todas las nacionalidades, que suelen hablar bajito, sin levantar apenas ruido, como señal de respeto al templo, al lugar, a la Monumental. Y ese taquillero, encogido, que recibe con tan poco espíritu…

Dos niños (ingleses, italianos, españoles… ¡qué más da!) juegan al toro en el ruedo. Tan solo unos metros más allá, estarían cometiendo el delito de torear de salón en Barcelona. Paradojas. Aún se podría pensar que cruzando la puerta de la calle de la Marina queda un reducto de libertad. Mientras, la Monumental cuenta el paso de los días con un proceso de remodelación. Impresiona ver como una de sus cúpulas, en profunda descomposición desde hace más de 15 años, se pone guapa, rodeada de andamios. Ya le tocó a otra de ellas hace unos meses. Y al muro de los corrales, donde habitaba el conserje. Y a esos techos de los palcos, tirados abajo a la espera de su reparación. Y a los carteles que anuncian el museo más impolutos que nunca, sin una pintada, sin una arruga ni descolorido que denote el paso del tiempo… En definitiva, los Balañá echándole más pasta que nunca a la plaza.

Como decía, cruzas esa puerta principal y un “son seis euros. El museo, al final a la izquierda” es todo uno. Es la frase que se repite como bienvenida, con poca voz y menos energía. Ese museo ya de por sí triste, mal cuidado, donde te recibe otro empleado acorde con el decorado (hasta el viejo transistor pegado a su oreja no desentona del ambiente). Hay vitrinas, dos concretamente, donde antes había un vestido de Manolete, espadas, puntillas y que ahora están vacías por un robo. Entre otros vestidos allí mal expuestos, se llevaron el del monstruo de Córdoba. De la nocturnidad no hay duda. Y de la premeditación y la alevosía quedan pocas. De entre todos, el de Manolete. “Tiene pinta de encargo…“. Si de vandalismo habláramos, el destrozo hubiera sido muy diferente. Esto lo ve hasta el de la puerta y el del transistor. Pero solo dos vitrinas rotas. Y un vestido de Manolete. Y la sensación completa de que si “tiene pinta de encargo“, hay que ser muy hijoputa.

Museo Monumental

Ni entiendo al del encargo ni al que se encarga de la puesta a punto de una plaza que se acerca a sus 100 años. Que sí, que falta le hacía… Hablando de falta: la sentencia del Tribunal Constitucional. Pasó el 28-S, está pasando octubre, pasará el 2015… Y le da a uno por pensar que antes aparecerá el vestido de Manolete que la jodida sentencia.

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