Toros en La Jonquera

Si atendemos a los documentos históricos que figuran en los numerosos archivos municipales, podemos afirmar que los festejos taurinos eran un espectáculo muy ligado a las fiestas mayores de los pueblos catalanes. Tal es el caso del gerundense pueblo de La Jonquera. Situado en el Alto Ampurdán y vecino de la taurinísima localidad de Figueres, La Jonquera registró actividad taurina de manera intermitente desde los años 1877 y 1878.

Según consta en el libro de actas del Archivo Municipal de la Jonquera, el 5 de septiembre de 1877, Isidre Miàs y Leonci Taulera, ambos carniceros de esta localidad alto ampurdanesa, solicitaron al Ayuntamiento la correspondiente autorización para celebrar dos festejos taurinos los días 8 y 9 del mismo mes, coincidiendo con la celebración de la Fiesta Mayor del municipio. El consistorio concedió el permiso condicionándolo a la inspección de los graderíos donde se acomodaría el público. La revisión de las instalaciones de la plaza corrió a cargo del Síndic local, Jaume Cusí, del paleta Teodor Torrent y del carpintero Joan Palau. Estos tenían que certificar que se daban las condiciones de consistencia y seguridad necesarias. Al año siguiente, el mismo Isidre Miàs solicitó y obtuvo nuevamente la autorización para celebrar otros dos espectáculos taurinos.
Se desconoce el tipo de toros que se corrieron en estas funciones aunque, a tenor de lo que documentael escritor local Carles Bosch de la Trinxeria en su compendio de artículos breves titulado «Costums que es perden», los astados eran los mismos bueyes que se utilizaban para arar. En estos festejos no se daba muerte a las reses y simplemente se les corría con un trapo atado en sus cuernos que los mozos del pueblo tenían que
arrebatarles.

Finalizada la Guerra Civil, a principios de los años cuarenta, se celebró otra función taurina en una típica plaza de carros que se instaló al lado de la Fàbrica. A finales de la decada de los cuarenta tuvo efecto la celebración de otro festejo en los terrenos del antiguo campo de fútbol dels Carols. Ambos espectáculos fueron toreados por soldados que, por aquel entonces, se encontraban en los diversos cuarteles que había en La Jonquera.

A finales de los setenta, la flamante peña taurina «José Salazar» organizó un par de novilladas, la primera de ellas en una plaza construída en el solar lindante a la comisaría de policía. La segunda, programada al año siguiente, se celebró en una plaza portátil que se ubicó al lado de la Fàbrica.

La historia está ahí. Los archivos municipales de nuestros pueblos catalanes desenmascaran la falacia
que intenta desvincular la fiesta taurina de las tierras catalanas. ¡Que se sepa!

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