Una tarda per a la història

Fa ja quaranta-cinc anys i tal dia com avui, també en un dilluns, a Barcelona hi va haver toros. A dos quarts de sis de la tarda es va anunciar a La Monumental un cartell per a la història. Estava format per Diego Puerta, Paco Camino i Manuel Benítez “El Cordobés”. Segons les cròniques de l’època, la plaça es va omplir a vessar. L’espectacle, va ser d’allò més, doncs quan va ser arrossegat el tercer toro de la tarda ja es portaven tallades ¡sis orelles i tres cues!. Hem rescatat la crònica original de la hemeroteca de La Vanguardia, per a mantenir el sabor anyenc d’aquella tarda:

Muchas, muchísimas gracias Diego Puerta, Paco Camino y «El Cordobés», por la pausa que pusisteis en el entusiasmo de la multitud —que ayer abarrotó la Monumental—, una vez arrastrado el tercer toro, cuando iban ya cortadas seis orejas y tres rabos. Si, muchas gracias, dejar en suspenso por unos minutos el delirio de la muchedumbre enfervorecida, que aclamó a los tres diestros y al mayoral de la vacada de don Álvaro Domecq, llamado Juan Cid, en tanto los cuatro recorrían el ruedo al mediar la fiesta, cuando ya casi había concluido de lloviznar. El cielo premió el sosiego que nos proporcionaron.
Claro que el cartel no era para menos, ya que no cabía mejorarlo ni en arte, ni en valor, ni en voluntad. Bastará hacer constar el hecho de que cuando pisó la arena el primer toro de «El Cordobés», sus dos compañeros de terna habíanle preparado el camino, cortando cada uno dos orejas y un rabo. Tan noble gesto, tiene el bello Inombre de emulación. En un tendido de sombra exhibíase una pancarta con este escrito: «La Peña de “El Cordobes”, del Carpió de Tajo, saluda a su titular.» Terminado el desfile de cuadrillas, el público obligó a los espadas a comparecer en los medios, para tributarles la primera ovación de la tarde.

L OS  TOROS
Tremolaban en la divisa los colores azul y oro, emblema de la vacada que don Alvaro Domecq posee en la tinca «Los Alburejos», enclavada en el término gaditano de Medina Sidonia, donde existe un viejo castillo denominado «Torrestrella», nombre que el señor Domecq ha utilizado como «segundo apellido» de su ganadería. Las reses, cuya antigüedad va a cumplir en septiembre los quince años, proceden de lo de don Carlos Núñez y de lo de don Francisco Chica, con sangre pura de Benjumea. El selecto encierro enviado a Barcelona resultó de esta manera: El primer toro, gordo y bien puesto,  recibió un refilonazo y una buena vara.
El segundo, con menos carne y buena cuerna, era bravo, llevando igual castigo que su anterior hermano. El tercero, codicioso con el caballo, sólo aguantó un codicioso puyazo, por pedir «El Cordobés» la terminación del tercio. El cuarto, el de mayor peso, gordo y enmorrillado, soportó dos fuertes varas, por mano del reserva, la postrera. El quinto, con arrobas y de cuerna abierta y astifina, toleró un refilonazo y dos magníficos puyazos que le puso Lausín, y el sexto, soltado ya con luz artificial, con libras y bien puesto de pitones, admitió una sola y reiterada vara, por no aumentarle el castigo a ruego de «El Cordobés».

DIEGO PUERTA
El siempre artista y valeroso espada nacido en el sevillano barrio de San Bernardo, recibió a su primero con una preciosa larga de rodillas, prólogo de ocho verónicas y media superiores, tan ovacionadas como su quite, en el que empleó tres «chicuelinas» a cual más apretadas. Transcurrido el segundo tercio sin nada destacable, el sevillano ofrendó al público la musicada y jaleada faena siguiente: cuatro pases en redondo, uno de pecho, otra serie idéntica,  tres más en redondo, ocho naturales, un molinete, cuatro «orteguinas» y un pase de pecho. Enterró en el mismo hoyo de las agujas todo el acero, y se le otorgaron las dos orejas y el rabo de «Lucero», con la consiguiente vuelta al ruedo y salidas reiteradas a los medios.
Al cuarto, llamado «Arrullador», lo veroniqueó, y después de poner al bicho dos pares de rehiletes, Puerta manejó así la franela: seis pases por bajo, ocho en redondo, uno de pecho, sonando ya la música, un molinete, tres en redondo, tres «orteguinas» y cinco de espaldas. Tres pinchazos, todos en lo alto, fueron e! aperitivo de un volapié, arrastrándose al «Arrullador» sin una oreja, en tanto Puerta daba la vuelta al circo y salía a los medios.

PACO CAMINO
También sevillano, pues nació en Camas, puso cátedra a lo largo de la lidia de (¡Cañonero», al que recibió con tres lances, preparatorios de cuatro verónicas y media majestuosas, como fueron las cuatro ((chicuelinas» de su quite. Cumplieron los del segundo acto, y la amenizada faena del artista se tejió así: cuatro pases de tanteo, cuatro en redondo, uno de pecho, otros tres en redondo, cinco naturales de maravilla, otros cuatro de igual factura, uno de pecho y cuatro en redondo. Dejó una estocada corta en la cima del morrillo de «Cañonero», que fue al desolladero, sin rabo y sin orejas. El de Camas escuchó una ovación unánime, en tanto recorría el anillo y salía a su mismo centro. Al quinto, jabonero y de nombre «Dichoso», lo lanceó, y seguidamente, pareado que fue, Camino, sonando la Popular Sansense, enjaretó el siguiente trabajo: cuatro pases de tanteo, cuatro naturales, uno de pecho, seis en redondo oleados, uno de pecho, otros cinco en redondo, dos naturales y cuatro por alto. Pegó una estocada arriba, ovacionándosele y saliendo a los medios. La faena, aunque no como la suya anterior, tuvo también empaque.

MANUEL BENITEZ «EL CORDOBÉS»
Acaban de cumplirse dos años de la alternativa de este torero, también andaluz, ceremonia que tuvo efecto el 20 de mayo de 1964, o sea, en la feria de San Isidro, doctorándolo Pedrés y siendo testigo «Palmeño». Los toros eran de don José Benítez Cubero. Su primer enemigo, llamado “Impulsivo”, lo derribó y corneó gravemente, al iniciar un pase natural. Ayer, en el tercero de la tarde, que atendía por “Barquero”, «El Cordobés» dióle cuatro verónicas, siendo frenéticamente aplaudido en su quite, formado por tres «chicuelinas» inverosímiles. Regularmente pareado el burel, el espada brindó al capitán general de la Región, Juque de la Victoria su oleada y musicada faena, que así se desgranó: tres pases por alto, cuatro en redondo, uno de pecho, seis naturales, uno de pecho, dos naturales, cuatro con ambas rodillas en el suelo y tres de espaldas. Agarró un superior y cimero volapié, descabelló con acierto y ¡la locura! Dos orejas, rabo, vuelta al anillo, recogiendo toda clase de obsequios, entre ellos un pan de más de dos metros de largo, una gaita preciosa y hasta un conejo vivo. Fue entonces cuando los tres diestros y el mayoral de «Torrestrella» dieron la vuelta al ruedo y salieron a los medios. El astado que cerró plaza llamábase “Aguador”, y don Manuel Benítez lo recogió en nueve oleadas verónicas, dibujando en el quite tres «chicuelinas». Y cuando se habían puesto al bicho dos pares de banderillas, pidió el de Palma del Río el pase al último tercio, en el que hizo lo siguiente: cinco pases estatuarios por alto, uno de pecho, cuatro de tirón para sacar al toro de las tablas, tres en redondo (supondrá el lector que sonaba la música), tres naturales, uno de pecho, tres en redondo, cuatro de espaldas y dos con ambas rodillas clavadas en la arena. El final consistió en un volapié harto desprendido y un oportuno descabello. Dos orejas, y como sus compañeros de terna, paseados a hombros en derredor del coso. ¡Vaya corridón!

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