Cuatro años…

Nadie dijo que iba a ser fácil. Ni rápido. Ni tan lento. Cuarto triste aniversario. Uno, dos, tres. Y cuatro. ¿Y en cuatro años? Silencios y macutazos. Promesas incumplidas. Espera y desespero. Maldecir todo y engancharte otra vez por nada. Puta droga. Mucho tiempo donde todo, o casi, nos lo suponemos, nos lo creemos.

Demasiado silencio desde aquella tarde del 25 de septiembre de 2011, solo roto por una permanencia de una afición ejemplar y resistente, que se agarra a la única razón coherente de que a esto se debe poner solución. Una coherencia maldita y canalla en el silencio de esa propietaria de la Monumental, de esa última empresa gestora, de un sector taurino que vio como le quitaban una plaza y un territorio donde ejercer su profesión, dejando la tauromaquia en una espiral de descomposición que tiene la impresión de no tener ni frenos ni vuelta atrás y le faltan arrestos para exigir, por lo civil o por lo criminal, una sentencia inmediata del Tribunal Constitucional. Silencio. Así quedó esa plaza, ese monumento últimamente más remodelado y conservado que en sus casi 100 años de historia en el que parece que algunos no quieren volver a ver una corrida de toros. Y ese Balañá, con o sin entrañas, ahora nos obsequia con una gran corrida cultural dentro de poco más de una semana.

Ese el premio que obtenemos, justo cuando suenan tambores de sentencia final del Constitucional, que ahora dicen que no va ese 28-S, sino que va para más tarde. Y por si acaso, apagados ya los rumores que directamente infundieron los teóricamente más interesados de

El acontecimiento previsto en la Monumental.
El acontecimiento previsto en la Monumental.

una hipotética corrida para ayer mismo, ese Balañá del yo creo que habrá toros y que como siempre no ha dado la cara, prepara un acto desleal, canalla y sátiro, que prostituirá ese coso con la peor de las intenciones. Ni sangre ni nada le corre por las venas y no seré yo quien ponga en tela de juicio el sacar una partida económica a un inmueble cerrado a golpe de decreto. Pero unos límites, pues hombre, nunca deben estar de más. Porque solo pensar en una pronta resolución favorable al fascismo de la Generalitat, debería hacer saltar las alarmas y mandar lejos ese espectáculo musical, el circo y lo que se pusiera por delante. Pero Balañá, ese que abandonó la Monumental y que hasta el último momento boicoteó al aficionado para colocar los pliegos de la ILP en aquella mañana de lluvia, dejará que se anuncie una bastarda gran corrida corrida cultural a modo de cartel de toros y que algunos de los actuantes celebren que, por fin, se escuchen oles y aplausos a la cultura como nunca ha ocurrido.

Mientras nos recuperamos de una perplejidad que no es real (a ver quien podría esperar mucho más de ese Grup Balañá), esa ILP que puso en bandeja el trabajar para salvaguardar la fiesta sigue en el baúl de los recuerdos porque nadie quiere jugar a ganar con ella. Y pasa esta cuarta temporada, aquí nadie cambia el rumbo y, lo que es peor, tampoco tiene apariencia de hacerlo. Afortunadamente, los aficionados tampoco. Porque aquí seguimos en esa resistencia taurina, en contra de los elementos, como punta de lanza de ese tsunami animalista de mierda que ya llega a la mismísima capital del país.

Nos bastaría con tan poco y ni así reaccionan. Solo espero que sea el último aniversario sin nada que celebrar. Y vuelvo a pedir claridad, verdad y honradez. Que no nos nieguen más. En especial a dos: a esos Balañá del silencio y a esos Matilla reyes de la socarronería. Ya está bien de chivatazos y de filtrar lo que no se cumple, lo que crea ilusiones y luego acaba mal. Muy mal.

Que, oye, somos drogodependientes de un arte. Pero también somos personas. Que no se olviden.

 

 

 

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