Finito y Aguaverde. 25 años de una tarde histórica.

El presente no debiera hacer olvidar los momentos importantes de un torero, de un ídolo de la afición catalana. Juan Serrano Pineda, el torero de Sabadell apodado Finito de Córdoba, toreaba aquel 24 de septiembre de hace 25 años en la Monumental. Y conseguía lo que se había dejado dos meses atrás.

Aquel 25 de julio de 1990, un miércoles y siete días después de presentarse en Barcelona, Finito había cuajado una faena cumbre a un novillo de Atanasio Fernández que cerraba la novillada que completaban Antonio Manuel Punta y Manuel Caballero. Y si bien el de Albacete cortó cuatro orejas, las más de 10.000 personas que presenciaron el festejo salieron hablaron del rabo que perdió aquel joven por su fallo por la espada. Dos meses después, junto otra vez a Caballero, Chamaco y una novillada de Santiago Domecq, Finito, con el merecido favor de un público entregado a aquella manera suya de interpretar el toreo, lograba otra gran tarde, el día grande de la ciudad, un lunes de la Mercè de 1990.

Si bien las imágenes no son las mejores, además de que nunca, cualquiera que sean, pueden transmitir la esencia de una tarde como aquella, pueden servir como testigo. Finito le cortaba las dos orejas y el rabo a Aguaverde, un novillo premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El último en cortar los máximos trofeos en la Monumental había sido Emilio Muñoz nueve años antes. Ya no sorprendía, aunque seguía impactando, que aquel chaval se saliera a los medios toreando a la verónica. Que llegara a la boca de riego de salida, toreando tan bien con el capote, ganando terreno en cada lance, sin miedo a pisar esas rayas del tercio y dejarlas atrás. Y que con la muleta mostrara un concepto del toreo que lo situaba como el torero que la afición busca en cada tarde de toros. Tampoco sorprendía su habitual espada desafinada. Pero aquella tarde, no.

” El quinto novillo, colorado de pelo, salió embistiendo con alegría, con fijeza, para ir al caballo una vez en bravo y quedarse encelado en él, y después tomar un picotazo. Había sido toreado de capa por Finito de forma recreada, lenta, con temple extraordinario, con inspiración mágica”. Así lo explicaba Mariano Cruz en su crónica de La Vanguardia, en su edición del 25 de septiembre titulada Nosotros fuimos testigos, que seguía explicando así aquella tarde de la Mercè: “La belleza de esta faena, bueno del conjunto de la lidia, nos arrebató más que la que hizo Finito el día de su triunfo del mes de julio. Toreó de capa más inspirado que aquella tarde, se dio cuenta de la calidad del novillo, aprovechó lo mucho que este transmitía para lograr que sus muletazos tuvieran más hondura y más vibración y, además, lo mató bien. Sus dos orejas y el rabo, sus vueltas al ruedo, reflejan su triunfo pero no lo explican, porque la explicación está en haberle visto torear, en haber vivido la gloriosa emoción del momento”.

Una tarde que justificaba una época gloriosa de novilleros, donde aquel torero nacido en Sabadell ocupaba un lugar de privilegio. Puede que las imágenes, repito, no sean capaces de llegar como lo hizo a tantos aficionados. Y a tantos jóvenes, que después de ver aquellas cimas, jugábamos a ser Finito de Córdoba. No era para menos.

https://www.youtube.com/watch?v=n3CzbslJ7nA

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