Como hace 50 años… pero no

Lo que va de ayer a hoy es casi lo mismo si revisamos el balance de la temporada taurina de hace cincuenta años. En la temporada de 1967 se redujeron sensiblemente el número de novilladas,
hubo una retraída del público a las plazas y se fraguó un clan de empresarios, el monopolio taurino completamente despiadado que, con todas las bazas a su favor, mandaron en el toro, en el torero y en el público que ya, hace cincuenta años, era tildado de bondadoso por los revisteros de la época.

En el negocio taurino de hace cincuenta años tampoco, al igual que hoy, interesaban los festejos menores. A la gente, al gran público, le interesaban los grandes mitos alternativados ante toritos de escasa presencia y deblilidad. Así, el público exaltaba frenéticamente las faenas perfectas de Paco Camino igual que las de un Manuel Benítez “El Cordobés” que seguía llenando las plazas, pero menos y que acababa como líder absoluto del escalafón, seguido por el nuevo valor Pedrín Benjumea y el valiente y honrado Diego Puerta.

Lo que sí ha variado en estos cincuenta años es la situación de los toros en Catalunya. En 1967 se celebraron en la capital catalana la cifra de 53 corridas de toros, amén de un buen número de novilladas con picadores y el colofón de un festival taurino con once matadores y un rejoneador. En las plazas de la provincia gerundense se organizaron 29 corridas de toros, 29 novilladas, cinco funciones cómico-taurinas y tres festivales. El matador colombiano Óscar Cruz fue quien sumó más tardes, cinco en total y todas ellas en la plaza “España Brava” de Sant Feliu de Guíxols. El rejoneador que más actuó en las plazas provinciales gerundenses fue Rafael Peralta, que contabilizó ocho actuaciones, seguido de su hermano Ángel, con seis. En el capítulo novilleril Antonio Poveda y Francisco Ruiz Miguel actuaron por igual seis tardes en festejos sin caballos. De esta interesante temporada taurina en la Costa Brava destacó la alternativa del jerezano Pepe Salguero en la plaza guixolense y la grave cornada que recibió Óscar Cruz en este mismo coso.

Hace cincuenta años, el mundo del toro ya adolecía de los mismos defectos que en la actualidad. Lo que nadie podía imaginarse, por aquél entonces, es que al cabo de cincuenta años, Catalunya, la región más taurina de la península, estaría sin toros, con las plazas cerradas y la afición secuestrada por el prohibicionismo nacional-animalista

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