El día que un toro sembró el pánico en el tendido de El Torín

La corrida inaugural de la temporada 1895 en Barcelona estuvo marcada por un episodio inquietante sobre el que planeó la tragedia. Ocurrió en El Torín el 14 de abril del citado año en una corrida cinqueña de la ganadería de Doña Mercedes Hernández, Viuda de Ripamilán, para la que fueron contratados Fernando Gómez “El Gallo”, padre de Rafael y José, Antonio Fuentes y Félix Robert. 

En los periódicos de la época se anunciaba el primer festejo del año en la capital catalana centrando la atención en Mr. Robert y su cuadrilla de saltadores landeses. Pierre Cazenabe era su nombre real y fue el primer matador de toros francés. Como curiosidad lucía un bigote particular, que dio bastante que hablar en la época. Tercero y sexto serían saltados y quebrados, además de ser sometidos a la lidia habitual.

 

La Vanguardia, 11 de abril de 1985

El primer toro de la temporada barcelonesa “traía pelaje de invierno todavía y era de color chocolate”, como especificó Palitroques en su crónica para La Vanguardia, mató un caballo e hirió a dos. El Gallo hizo una faena con una muleta con unas dimensiones “que recordaban las de una sábana cubana” y mató de media estocada, un buen pinchazo y un descabello. El segundo tuvo más poder y codicia e hizo un auténtico destrozo en la caballería, mató tres pencos. Fuentes toreó ceñido, dejó una estocada un tanto trasera y escuchó “palmas en grande”.

En tercer lugar saltaría al ruedo el protagonista del artículo. El toro Regardé -Comisario o Molineros para otros- “fue excepcional y quiso morir de excepcional manera”. La cuadrilla de saltadores y recortadores entró en acción. Jean Marie ejecutó el salto de la garrocha con limpieza y Bonniface Nassiet lo quebró. El de Ripamilán decidió mostrar sus habilidades también y tomó velocidad para saltar barrera, callejón, contrabarrera y maroma y caer en el tendido. El toro saltó por la derecha de la Presidencia y durante unos instantes se quedó parado. El pánico era absoluto. Los aficionados emprendieron la huida desesperada, se tiraban al callejón o subían corriendo por el tendido mientras el toro andaba por las gradas. Cerca de la puerta de arrastre había una pareja de Guardia Civiles, que fueron a por el toro. Cuando estaban enfrente de él, el cabo Ubaldo Vigueras, apuntó la carabina y disparó. Acto seguido un grupo de hombres se acercó al toro y el novillero Vicente Ferrer, que estaba presenciando la corrida como espectador, dando prueba de valor sereno, cogió al astado por los cuernos y forcejeó para evitar que se levantase. Fue entonces cuando Isidoro Salvá, guardia municipal, y otras personas remataron al animal con armas blancas. Hay otras versiones que aseguran que Ferrer fue a detener al cornúpeta en marcha a la vez que Antonio Fuentes, que subió del callejón al tendido, lo sujetaba por el rabo. Estas fuentes sostienen que fue entonces cuando el cabo Vigueras puso el cañón del fusil tocando casi la cabeza de Regardé -para ellos Comisario o Molinero- para hacerle caer de un disparo.

Félix Robert (bigote) y su cuadrilla

Sea como fuere, fue tal el suspiro de la gente que pidió al cabo de la Guardia Civil subiera a la Presidencia. Vigu

eras fue aclamado por todos y felicitado por el presidente, el señor Guerrero y su jefe el señor Izoard. Algunos aficionados hasta lanzaron algunas monedas al policía. Pero no todo fue color de rosas, la bala que disparó el cabo -en eso hay unanimidad- salió despedida e hirió a un empleado de la plaza. El joven se llamaba Juan Recasens (también Requesens) y el proyectil le atravesó el pecho. El parte médico decía que “recibió una herida penetrante en la región pectoral izquierda con fractura de las 3ª y 4ª costillas y salida por la espalda”. Desgraciadamente, este mozo de arrastre, no fue el único herido. Uno de los que forcejeaban con el toro sufrió un corte en la arteria cubital producido por uno de los que rematando al burel. Este hombre, de nombre Juan Esmarats, fue atendido por el médico primero de Sanidad Militar, el señor Ristol, mientras que Recasens fue examinado por el médico de la plaza, el doctor Soler, y el doctor Calderas. Otro de los que resultaron perjudicados fue Ramón Lavadell Oliva, que se fracturó el radio izquierdo al arrojarse desde el tendido al callejón. El paciente fue trasladado a la casa del socorro del Paseo de Gracia.

A pesar de todo, el festejo siguió como si no hubiese pasado nada. Poco tardó en volverse a poner el susto en el cuerpo de los aficionados, pues el cuarto toro cogió a El Gallo, que con la cara ensangrentada fue “conducido a cuestas a la enfermería sin que diese signo de vida”. Fuentes dio muerte al animal y en su turno le correspondió un buey, según Palitroques, con el que “trabajó de veras, con voluntad y arte”. Durante la faena de Fuentes, salió Fernando, recuperado ya del percance. Cerró la corrida el sexto, ligero y bien armado, con el que los franceses dieron espectáculo. Dato curioso fue el brindis de Mr. Robert, que quitándose la boina que usó en vez de montera, brindó “Por el Presidente y por las tres naciones amigas: España, Rusia y Francia”. Se encaminó al toro y lo mató, poniendo punto y final a una accidentada corrida.

Los periódicos de la época siguieron informando del caso, sobre todo del estado de salud de Recasens. Dos días después, se publicaba esta pequeña nota en la que se explicaba que el joven seguía en estado grave y fue visitado por el concejal Guerrero, presidente de la corrida, que le entregó 25 pesetas. Por otro lado, la comandancia de la Guardia Civil organizó una suscripción para socorrer a la familia del herido, que ya había recaudado 170 pesetas. El caso también llegó a los oídos del alcalde Rius y Badia, quien se preocupó para que él y su familia fueran atendidos correctamente:

La Vanguardia, 16 de abril de 1895

Tres días después de los hechos, el gobernador civil estuvo en El Torín acompañado del secretario Aspiazu, del teniente de la benemérita, el señor Portas, y del cabo Ubaldo Vigueras para reconstruir sobre el terreno lo sucedido. Acordaron colocar una doble maroma en la contrabarrera para evitar que los toros pudieran acceder al tendido de un salto y ya fue instalada antes de la novillada dominical.

A pesar de la gravedad de Recasens su estado de salud seguía mejorando y pudo abandonar el lecho el 30 de abril del mismo año.

La Vanguardia, 18 de abril de 1895

Sin embargo, Recasens quedó imposibilitado para trabajar en sus habituales tareas, según algunos revisteros taurinos, que visitaron al alcalde. El señor Rius y Badia prometió dar una colocación al joven y el 2 de agosto Recasens ya estaba trabajando en las brigadas municipales.

El Ayuntamiento de Barcelona, estaría sensibilizado con el suceso, pues en la sesión semanal ordinaria del martes 21 de mayo, acordó conceder una medalla de oro y el premio de 25 pesetas a Isidoro Salvá, el municipal que con su arma blanca remató a Regardé, por los servicios prestados y 25 pesetas al barcelonés Vicente Ferrer por su valentía de sujetar al toro por los cuernos.

Afortunadamente, aquí termina esta historia con final feliz, que de no ser por la rápida actuación de todos sus personajes -policías, toreros y médicos-, ahora estaríamos lamentando algo peor.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *