El dueño de mi cortijo

Hola, muy buenas. Mire, que vengo a retrasar el pago de una multa hasta el 2013 por lo menos. ¿Sabe usted? Es que no me va bien…”. Así se lo dije al buen hombre que apenas si me había mirado a la cara. Levanta entonces su mirada triste y resignada. Sin dejarle contestar, seguro de mi mismo, le digo que la multa es de la Generalitat, de los Mossos, vamos, a imagen y semejanza de un amigote del Mas, un tal Puig. “Tengo faena…”. Ni Dios detrás mío. Ni los pensionistas van al banco a primeros de mes. Está mal la cosa.

Continúo seguro de mi exposición, me lanzo y le pregunto que si le gustan los toros. A ver si por ahí el hombre que tiene faena sin haber nadie en la cola se solidariza con un pobre aficionado que buscaba la ocasión de acogerse a la manga ancha de la Generalitat. “No sé si sabe usted que Mas y sus menos han aplazado…”. No me deja ni acabar y me suelta un “ellos mandan en su cortijo y en el tuyo”. En toda la boca. Cojo aire, intento seguir, pero nada. “Mira, chaval, ellos hacen lo quieren, ¿sabes por qué? Porque les dejamos. Hacen y desahacen a su antojo. Ellos son así”. Y sí, me confiesa que le gustan los toros, que también está harto y que sabe lo del 2013. Su mirada ya no es tan triste o por lo menos me lo parece a mí. “¿Hasta el 2013? ¿Quién le va a exigir lo contrario? ¿Balañá? ¿El G-10? ¿La Mesa del Toro si es que no le faltan ya las cuatro patas? ¿Tú? ¿Yo? Ojalá, pero ya van tarde, como siempre. Pues eso, hasta el 2013. Demasiado bien estamos los taurinos con la banda que nos manda y la otra que se calla. Pero ahora son cultos, están en cultura. Fue uno de los gestos más taurinos de un gobierno a lo largo de la democracia, algo increíble con la que nos ha caído”. El banquero está lanzado y yo, con mi multa en la mano, no lo puedo parar. “Como no tienen un duro, retrasan lo que dicen que van a ser tres pesetas. Los ricos siempre lloran, que me vas a contar”.

Prosigue con una verborrea incontenida y ya me habla hasta de las elecciones. “Con la que está cayendo, con los recortes en Sanidad y Educación, con 5 millones de parados y se dedican a alquilar pabellones para predicar sus promesas. Austeridad…”. Me dice, también, que de toros solo hablan dos partidos de los fuertes, aunque da la impresión de que para todos es un juguete, como una muñeca fea. El Partido Popular, a favor, pero sin definirse. “Fomento, pero el cómo no lo dice. Algo es algo, pero yo esperaba más”. De Izquierda Unida dice que lleva la Fiesta de los toros en su programa, que prometen no financiar ni a peñas ni a escuelas taurinas, ni tampoco dar publicidad de corridas de toros. “De dictaduras no hablan. Ni de castristas. ¿Por qué no se callan? Como los socialistas, ni mú, para no variar.”. Me dice que son los culpables de todo, los políticos. Que no me haga mala sangre si no pienso hacer nada, que no vale la pena encabronarse para seguir sometido al sistema que nos gobierna. Que los taurinos, en particular, lo tenemos crudo “aquí y allí, al tiempo”, mientras los que se lo llevan calentito no miren más allá de los 10 años que van a estar ahí. “Al fin y al cabo, los ricos del toreo ya tienen su cortijo, como los políticos. Sin embargo tú…” ¿Yo qué? Pues eso, que tiene razón y que mi cortijo apenas si es mío. Como el suyo, el del banquero que no tiene ni banco ni corridas de toros, sino una nómina que como se descuide estará en peligro. Como la de casi todos.

Ahora soy yo el que quiere acabar. Este tío se ha puesto las botas que yo no me quería poner. Me he está bien empleado por querer ahorrarme la multa. Tampoco estaba de Mas. “Pero no te desanimes, que todo esto puede cambiar”. ¿Cuándo? “Cuando te convenzas de que el sistema no te va a salvar nunca. Somos nosotros los que lo salvamos. Y con su salvación, ellos tan felices, los muy…”. ¿Cabrones? Es posible que quisiera decir eso. Pero su intachable formación de atención al cliente se lo debe haber impedido. Ahora es cuando aprovecho para darle los buenos días y escapar, justo cuando vuelve a bajar la mirada hacia no se donde.

Salgo a la puerta del banco, me enciendo un cigarro después del jabón que me han dado, doy tres pasos y me tocan en la espalda. El banquero, otra vez. Que si pago la multa o no, me dice el tío. Tuerzo el gesto y le digo que sí, que voy para allá, que algo he aprendido. Que todavía no me ha dado tiempo de hacer nada para ser yo el dueño de mi cortijo.

3 comentarios en “El dueño de mi cortijo

  1. felicidades paco, cada dia estoy mas orgulloso de pertenecer a la utyac, con gente como tu y otros que luchan y mueven una barbaridad sin interés ninguno, nada mas que con su gran aficion que es la de todos nosotros y seguramente perdiendo tiempo y dinero
    saludos y adelante

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