El silencio de los borregos

Creo que habrá toros”. Tan ancho, tan pancho. Después, la nada, el silencio. Así cinco años después. Da igual cuando lo leas. Es el silencio de los borregos. Y hasta aquí, por muy feliz que quieran que sea la Navidad.

Creo que habrá toros” retumba por mi cabeza casi más que nunca. ¿Dónde estás Balañá? Han pasado dos meses desde que el Tribunal Constitucional dijo que la profecía del empresario que originó la debacle se puede cumplir. ¿Y ahora? ¿Es que se ha acabado la creencia? Que hablen por moralidad, por honor, por justicia, por caridad. Que digan si están, si le seguimos esperando después de cinco largos años de permanencia y de resistencia a cambio de estar en paz con nosotros mismos.

Callad nos dijeron. Cumplimos. ¿Y ellos? Nadie sabe. Callados estuvimos en contra de lo que pensábamos, de lo que creíamos. Pero Boix rompió la falsa tregua y dijo lo que creyó: lo de Balañá es una vergüenza. Lo suscribo. En todo este tiempo no hemos merecido ni su más mínima mirada, ni un golpecito en la espalda de “ánimo chavales, que això no és res”, ni un vasito de agua para pasar el mal trago. Nada, como hicieron siempre con la afición. En su descargo, es cierto que la plaza se cerró por ley, que no llegaron a plegar velas hasta que la apisonadora parlamentaria les obligó. Eso es cierto, se dice y se agradece. Tan cierto como que se quitó de en medio oficialmente en 2007 para intentar apaciguar las aguas como que durante 20 años prostituyó la Monumental donde un buen puñado de dólares era el mejor pasaporte a su patio de cuadrillas. Todo verdad y vuelvo al agradecimiento, que no implica pleitesía.

Ahora, otra vez, los rumores de venta de la Monumental. Ahora, cambiamos jeque por cheque municipal. A saber cual es la próxima aventura. En todas, de fondo el oscurantismo, la sensación cada vez más real de que nos la van a meter por la escuadra. Un pacto que, incluso, podría llevar a abrir la Monumental de forma testimonial para quedar en paz con Dios y vender el alma al diablo. Es la sensación que produce la estrategia de una empresa que nunca dijo nada cuando debió, solamente anteponer sus negocios extra taurinos ganados (y vuelvo a Boix otra vez) con la sangre de los toreros. Creer en la ahora gran afición de Balañá Forts (el que dinamitó a la afición barcelonesa y no traspasó el supuesto gen a un Pedrito que pasa ya de los 50) es, cuanto menos, kafkiano, un auténtico síndrome de Estocolmo que refleja la auténtica y desesperante realidad.

Harto de poner la otra mejilla, de escuchar solo lo que dice la parte que intenta apartarnos. No habría una situación similar en otro ámbito donde el principal perjudicado no diera la cara y se diera por bueno, por bien visto. Le toca a Balañá decir alto y claro que la Monumental ni se vende ni se transforma. Le toca a los toreros, a los ganaderos, a los empresarios, a todos los que se lo llevan crudo, no sin merecimiento, decir que están al lado, que caminan juntos para lo que haga falta. Para llegar hasta donde sea necesario para que se cumpla la ley, aunque eso implique invertir parte o todo el crudo llevado.

Él creía que habría toros y yo creo que nos están tomando el pelo. Sin miedo a equivocarme ni a rectificar si llega el caso. Pero seguir justificando la situación, al menos a mí, me convierte en cómplice. Seguir creyendo que es mejor esta estrategia de no decir nada para coger a la Generalitat por sorpresa y desprevenida es creer en los reyes magos. Y a mi no me gusta la navidad. Ni los chismes, ni el me ha llamado, ni el va diciendo, ni la falta de cobertura que hay en Salamanca desde el 20 de octubre.

En el nombre del padre, del hijo, de la hija, del espíritu santo o de Matilla: pongan fin al silencio de los borregos. Si todavía lo creen, que lo digan. Si ahora creen que es mejor abandonar, que también lo digan. Estarán en su legítimo derecho que no está reñido con la cobardía ni la inmoralidad. O sí, vaya usted a saber.

Un comentario en “El silencio de los borregos

  1. ¡De sombrerazo! Felicidades. Más claro y mejor dicho imposible.

    Ya está bien. Vale que se cargaran los toros con una gestión desastrosa (con cómplices en la gestión, en los medios de comunicación y en el asociacionismo catalán), pero que no nos tomen por gilipollas.

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