Madrid también fue testigo del buen momento de Maxime Solera

Oscar Wilde decía que nunca hay una segunda oportunidad para crear una primera buena impresión. Maxime Solera se aplicó al cuento y se fue a recibir a los medios por gaoneras al novillo de su presentación en Madrid. Una locura que recordó a la que hizo Fandiño en Pamplona. Clavetuerto embestía con fiereza sin terminar de pasar. Solera empezó doblándose por abajo con el de Dolores. Puede que fuera un inicio demasiado exigente pues veníamos de un tercio de varas en el que había recibido un fuerte castigo. Los toros hay que picarles y más cuando empujan, como fue el caso. La faena del francés fue un esfuerzo constante de querer agradar haciendo las cosas bien. Firme, dispuesto, pendiente de la colocación y pasándoselo muy cerca. También aguantó alguna mirada del noble segundo. El no querer dejarse nada dentro le hizo pasarse de faena hasta el punto de escuchar un aviso sin ni siquiera haber entrado a matar. La espada cayó caída, si tenemos en cuenta que mata con la izquierda y si actuación fue premiada con una ovación con saludos en el tercio tras leve petición.

A su segundo lo fue a esperar de rodillas en la puerta de toriles. La novillada estaba saliendo parada y quedándose corta en los capotes, pero no le importó. La portagayola fue limpia y después procedió a recogerlo por verónicas. Con el encastado quinto llegaría lo mejor de la tarde. Clavó los pies en el centro del ruedo citó a Langosto para iniciar la faena de muleta. Dos tandas de largo aguantando las violentas -y emocionantes- embestidas del utrero. La brusquedad y los derrotes con la cara arriba de Langosto (mítica familia de la casa) eran un examen constante para Solera. Cuando cerró el novillo en el tercio el francés empezó a poderle más, hasta que lo consiguió. En la encarnizada lucha, también dejó buenos naturales -el izquierdo era el pitón bueno- antes de propinarle una gran estocada en el sitio. La fuerte petición de oreja no fue atendida por el presidente y el premio quedó en una merecida vuelta al ruedo. Alguna protesta hubo, aunque particularmente no entendiera el motivo. Hay que saber valorar a los novilleros como lo que son. Exigirles la perfección -si es que existe- de los matadores de toros acaba desembocando a lo que estamos sufriendo ahora. Una colección de chavales muy técnicos (y muy parecidos) que se limitan a esperar que salga su toro para “soñar el toreo y sentirse a gusto”. Perdonen, pero yo me quedo con los novilleros que embisten ellos cuando el novillo no lo hace.

Otro debutante fue José María Hermosillo, al que le correspondió el más fácil y el de menos -nulas- opciones. Con ganas se le vio con el capote a pesar de lo parado que era el castaño chorreado. Tras empujar en el caballo la cosa cambió y en muleta Tosquetito regaló varias embestidas largas y humilladas. Fueron tres tandas en las que el hidrocálido toreó largo, que no profundo. Lo templó, pero en línea recta sin llevarlo atrás de la cadera. La firmeza con la que estaba pisando el ruedo y el novillo que ya se estaba orientado condujeron a una espeluznante cogida del que resultó aparentemente ileso (aunque después pasara a la enfermería). El epílogo por ajustadísimas manoletinas acabaron de corroborar la disposición con la que había cruzado el charco. Mató de pinchazo y media caída.

Nada pudo hacer con el sexto. Comadroso se echó en tres ocasiones sin hacer caso a los capotes que intentaban levantarle. Antes había embestido con mucho peligro y revolviéndose en la muleta de Hermosillo. De no haberse desinhibido de la pelea, hubiéramos pasado momentos de tensión, pues todo hacía pensar que sería el más complicado de sus hermanos. En estos casos uno no sabe si tuvo buena o mala suerte el mexicano.

Nada tuvo que ver el paso por la plaza más importante del mundo de Mario Sotos. Abusó de pico para pasarse por Cuenca a sus dos oponentes. Burgalito recibió dos puyazos fuertes y en la muleta mostró un peligroso pitón izquierdo por el que ni se puso Sotos. Tiró de oficio para torearlo sin exposición por el potable pitón derecho. El cuarto, Botero, fue un buen novillo al que masacraron en varas. Derribó al caballo y el descontrol se incrementó. Ya con la muleta se pudo ver un toro con posibilidades al que acortó distancias demasiado pronto. La faena tuvo poca historia. Mención especial: a su cuadrilla el traje de luces le queda muy grande, y eso que es de su talla. En sus dos toros dieron una pésima imagen en cuanto a profesionalismo se refiere. Lidias con infinitos capotazos y pasadas en falso que no ayudaron en nada a los utreros.

Ficha del festejo

Las Ventas, Madrid. Domingo, 18 de agosto de 2019. Novillada de Dolores Aguirre, bien presentada, mansa encastada en términos generales.

Mario Sotos, de grana y oro. Estocada trasera y 3 descabellos (silencio) y dos pinchazos y estocada caída (silencio).

Maxime Solera, de grana y plata. Estocada caída (ovación tras aviso) y estocada en lo alto (vuelta al ruedo tras aviso) silencio (atasco con la espada y descabello, 2 avisos) y ovación con saludos (atasco con la espada, aviso).

José María Hermosillo, de grana y oro. Pinchazo y media caída (ovación con saludos tras aviso) y pinchazo y estocada trasera (silencio).

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