Maxime Solera, tres orejas con Fandiño en el recuerdo

Decía algún sabio que las segundas partes nunca fueron buenas. Maxime Solera no estaría del todo conforme y se propuso poner en duda esa idea tan extendida.

Reaparecía tras las lesiones sufridas en Boujan-sur-Libron al recibir un novillo con el capote a la espalda en la puerta de toriles. Y allí mismo se fue a esperar a su primer oponente de Philippe Cuillé. Otra vez con el capote a la espalda como hizo Fandiño en Pamplona. Otra vez se la jugaba a cara o cruz. El toro salió un tanto despistado. Los pitones pasaban por el pecho y en la memoria seguía el percance de Boujan. Tras varias gaoneras de exposición remató la serie con una revolera que ahuyentó todos los fantasmas. En la muleta el utrero embistió con calidad y nobleza aunque siempre con las fuerzas justas, algo que ya había dejado ver en el puyazo que tomó. Solera se mostró con confianza y firmeza por ambas manos dejando tandas rotundas para cuajar el novillo. Culminó la faena con otro guiño al Leon de Orduña. Solera cuadró el toro y tiró la muleta para entrar a matar sin ella. En el tendido se escuchó un grito general entre sorpresa y angustia. Atacó el francés y se volcó en los pitones del novillo. El estoque entró hasta la empuñadura, pero él se quedó rebotando de pitón a pitón. Un milagro que no pasara nada más. El toro dobló y los tendidos se volvieron blancos para premiar con dos orejas la labor de Solera.

Espoleado por el triunfo de su compatriota salió El Rafi en el tercero de la tarde al que recibió en el tercio con una larga cambiada. El de Cuillé tomó dos buenas varas empujando en el peto antes de dar paso a un tenso tercio de quites entre El Rafi y Maxime. Quitó por chiquelinas El Rafi tras el primer encuentro con el caballo, aprovechó su turno Solera por tafalleras y replicó su compañero por zapopinas. Amor propio de ambos. Acto seguido cogió los palos y banderilleó con decisión y acierto. Con la gente ya metida en la faena, se puso de rodillas para iniciar el trasteo con una tanda de alto nivel. Enseguida se vio el gran toro que había en el ruedo. Humillación, recorrido, repetición, duración y clase. Casi todas las condiciones que se exigen al toro actual. Los cursis dirían que a El Rafi lo tocó un novillo para soñar el toreo. La faena cogía vuelo pero a medida que se sucedían los enganchones iba perdiendo intensidad. Lamentablemente, y quizá fruto de su inexperiencia, el sueño no fue tan dulce como se esperaba. La faena larga de El Rafi mostró su tauromaquia alegre y vistosa. Rubricó la faena con una buena estocada para cortar los dos apéndices. Dio la impresión que la vuelta al ruedo para el novillo tuvo más importancia que el premio del torero.

Solera no tenía suficiente con dos orejas y se fue a portagayola a buscar el cuarto de Cuillé, devuelto por partirse el pitón al rematar en un burladero. Por si no quedaban claras sus intenciones volvió a emprender camino al portón de los sustos con el cuarto bis. Larga cambiada y ramillete de verónicas para dejar patente su concepto de entrega total. Después de un puyazo sin mayor historia, Solera colocó de largo el novillo que arrancó hacia el caballo donde Gabin Réhabi le esperaba con el regatón. Este cuarto fue más deslucido que los anteriores, sin dejar la nobleza de sus hermanos. Empezó la faena de rodillas en los medios y le dio distancia en los primeros compases para aprovechar la inercia del animal. Solera pronto se dio cuenta del buen pitón izquierdo del burel y trazó naturales templados y largos. Estaba disfrutando. Más compactas fueron las tandas con la diestra con la que después acortó distancias cuando el novillo se paró. El francés entendió a la perfección las embestidas dulzonas del astado aunque en algún momento acusó tener el cuerpo preparado para un combate mayor. Una estocada al recibir sirvió para cortar otra oreja meritoria. Máxime había vuelto.

En el sexto de la tarde, y con la puerta grande asegurada, El Rafi ya no quiso poner banderillas, algo que el público le recriminó. Fue picado en el caballo que guardaba la puerta y durante toda la faena mostró su punto de mansedumbre. Volvió a empezar de rodillas la faena y en este toreó más vertical, despacio y templado que en su primero. Muletazos largos de buen gusto abusando del perfil a otro novillo de gran calidad. Quiso devolvérsela a Maxime matando recibiendo, pero pinchó en dos ocasiones antes de utilizar el volapié, suerte con la que sumó otros dos pinchazos.

Completaba cartel el menor de los Adame y no fue su tarde. Alejandro lo intentó sin gran acierto con el humillador y bondadoso segundo. Buenas postura y haciendo las cosas con torería pero sin llegar a conectar con el público francés. Antes de querer ponerse bonito hay que competir con los compañeros. Parecía que esa no era su guerra. Con el quinto no se cumplió otra de las frases históricas de la tauromaquia. Sí hay quinto malo. Y ese lo fue. Un manso en toda regla que se rajó en cuanto vio la muleta. No le daría ninguna posibilidad de triunfo al mexicano. Salía desentendido en cada muletazo de las dos primeras tandas hasta que se fue a tablas. Adame se puso insistente con un animal que no quería jugar. Se despidió de Istres con dos estocadas que hicieron guardia y un descabello.

Al finalizar el festejo, Maxime Solera recibió el premio al triunfador de la tarde. Tres orejas a base de toreo y raza para marcar territorio. La segunda reaparición de la temporada dejó la sensación de estar preparado otra vez para la batalla.

 

Ficha del festejo:

Istres (Francia), media plaza. Domingo 5 de agosto de 2018. Novillos de Philippe Cuillé, nobles con humillación y calidad en líneas generales aunque justos de fuerza. El tercero fue premiado con la vuelta al ruedo.

Maxime Solera, de verde botella y oro. Estocada sin muleta (dos orejas) y estocada contraria recibiendo (oreja).

Alejandro Adame, de grosella y oro. Media estocada y cuatro descabellos (saludos) y dos estocadas haciendo guardia y un descabello (silencio).

El Rafi, de caña y oro. Estocada entera (dos orejas) y cuatro pinchazos y estocada (saludos).

 

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