Serafín Marín: sinceridad en su terreno

Hablar con Serafín Marín (Montcada i Reixac, Barcelona, 05-05-1983) es hablar con una parte fundamental de la historia reciente de la Monumental. Sin duda es el torero más importante en muchos años aquí. El lugar de la cita no podía ser otro.

Hablamos con el torero y con el hombre. No deja de imponer hablar con quien ahora no está en sus horas más altas. El lugar, además, acompaña a que haya un ambiente más taurino, más propenso a intimar. La Monumental impone sinceridad. Y verdad. Desde el tendido hasta los medios.

Serafín Marín

La Monumental y Serafín. Estamos en tu terreno, no tendrás queja.

-Es verdad. Y más aquí, en esta zona de los medios donde solía torear. No se pierden las sensaciones, se siguen sintiendo.

Supongo que una de ellas será sentir pena porque es casi inevitable.

-Paso por aquí y me entra una tristeza… Sueño con Barcelona. Te lo digo de verdad. Hoy ha sido el primer día que he abierto un capote en la Monumental después de casi cinco años. Y me ha entrado así por dentro…

-¿Aún sueñas con volver a vestirte de torero aquí?

-Claro. Un día dictarán sentencia en el Constitucional. Sé que una tarde yo volveré a torear en Barcelona.

-Ojalá porque va costando seguir pensando en volver.

-Una por lo menos. Porque habrá sentencia favorable y se abrirá. Estoy seguro.

-Tu presente. Complicado por lo menos.

-En España está todo muy complicado. No haber entrado en Madrid ha sido un golpe muy fuerte. Ahora mismo, solamente tengo hechas dos corridas en Bambamarca, en Perú. Va a ser un año muy jodido. Mucho. Tampoco tengo a nadie que hable por mí y encima es que no hay toros casi, se están dando muy pocos festejos. Y cuando te llaman es para ofrecerte lo que no se puede aceptar: jugarte la vida y que te cueste dinero. Y ahí digo claro que no.

-¿En Perú no pasa eso? ¿Compensa en todos los sentidos ir hasta allí?

-En Bambamarca toreo dos corridas de toros y, sinceramente, me traigo un dinero a mi casa. Gratis no voy a ir porque no lo hago ni en España. A día de hoy puedo decir que no he ido gratis a ningún sitio.

-No me refería solo al aspecto económico. Hay desgracias recientes que deberían quedar por encima del tema económico.

-No piensas en el riesgo que puede haber en torear en aquellas plazas, como ha pasado recientemente con la desgracia de Renatto Motta. Pero confío en que mis 14 años de trayectoria me sirvan para saber solventar la situación. Además, después de las ferias importantes del Perú, hay varios pueblos allí, como este, que están haciendo las cosas bien, al menos ordenadas, intentan hacer las cosas dando categoría a sus plazas. Además, me sirven para no estar parado, que tal como está la situación aquí, me viene muy bien.

 

Voy a Perú porque me traigo un dinero a mi casa. Gratis no voy a ir porque no lo hago ni en España. A día de hoy puedo decir que no he ido gratis a ningún sitio.

-El no haber estado en San Isidro, en tus circunstancias ha sido crucial.

-Y una situación nueva porque es la primera vez en mi carrera que no me veo anunciado en San Isidro.

-¿Por qué no ha habido hueco para Serafín Marín en Madrid?

-También es culpa mía. ¿Qué no salieron las cosas el año pasado como debieron? Sí, como a otros que sí han ido. Me ha tocado a mí y lo asumo. Sé que me van a poner, ojalá sea en agosto. No se pueden olvidar tan pronto. En 2014 corté dos orejas. Y me sirvió, pero no me lo regalaron. En la de Miura estuve bien, triunfé con la de Bañuelos y con la de Adolfo. Triunfé, eso es indiscutible.

-¿Te rentaron poco aquellos triunfos?

-Sí, pensé que me iban a rentar más y me sirvieron solo para ir dos tardes en 2015 porque tampoco mi apoderado de entonces dio la cara como debió. Este año no me han escuchado. No pasa nada, hay que ser agradecido en cualquier circunstancia. Y repito, ya lo dije aquí, culpa del toro, vale, pero mía también. Además aquella tarde de Miura

-¿Qué pasó?

-Me dolió Madrid, noté todo a la contra. Escuchar todo, que allí abajo se oye todo, intentando hacer lo que siempre había hecho, encima me atasqué con la espada… Allí no hubo conexión y me han castigado.

-El que ya no seas, como es normal, una novedad, ¿influye?

-Tampoco son otros novedad y han estado. Es que aquí hablamos todos y llega un momento… Ha habido tres o cuatro novedades, aparte de las confirmaciones, ¿y luego? Para matar otras corridas de toros poner a gente tan nueva puede pasar lo que pasó con la de Saltillo. Una tarde con este tipo de ganaderías sí creo que tenía un puesto. Porque me han puesto a veces con menos motivos.

Serafín Marín (19)

Me dolió Madrid, noté todo a la contra. Escuchar todo, que allí abajo se oye todo, intentando hacer lo que siempre había hecho, encima me atasqué con la espada… Allí no hubo conexión y me han castigado.

-Situación difícil. El torero y el hombre: o los dos bien o los dos mal. ¿En ti como están?

-El torero y el hombre no lo puedo separar, eso nunca, va junto. Afecta mucho. Yo sé que, por ejemplo tú o muchos no confían en mí.

-¿Lo piensas de verdad? ¿Tienes la sensación de que que no se cree en ti?

-Sí, así es. La gente ha perdido la confianza en mí. Esa la recupero con un toro. No hace falta más. Ahora, yo sí, al 100% creo en mí, si no no estaría aquí. Cuanto más he estado contra las cuerdas, antes he sacado la cabeza. Aquí lo que has hecho con 20 años lo puedes hacer con 30. Aquí manda el toro. Si lo he hecho una vez lo puedo hacer una segunda. Tengo 33 años y tengo, a falta de la novedad, un oficio medio aprendido, porque aquí no se acaba de aprender nunca, y puedo resolver cualquier situación. Entonces, resuelvo mi carrera.

-A falta de contratos tu has sido un torero que siempre se ha preparado fuerte en el campo, tentando mucho.

-Este año he hecho menos campo que nunca. No me han llamado para hacer campo los mismos que no hace tanto me llamaban. Ni el teléfono me han cogido. Eso duele. Mucho. Te cagas en todo. Pero te calmas y te dices: ya me llamaréis. Y eso es en lo que creo.

-Hasta el tono de la voz te ha cambiado, Serafín.

-Hombre, es que duele que te digan llámame mañana y que no te vuelvan a coger más el teléfono. Y llegar a entrenar con tus compañeros y este mañana va allí, el otro allá… Y yo a pegar pases al viento. Otra situación nueva muy dura cuando yo he hecho en los inviernos una barbaridad de campo. Eso sí, mis amigos, los cuatro de verdad, esos sí me han ayudado y me han llamado para tentar. El lado bueno es que me ha servido para torear de salón más que nunca.

No me han llamado para hacer campo los mismos que no hace tanto me llamaban ellos. Ni el teléfono me han cogido. Y eso duele. Mucho. Te cagas en todo. Pero te calmas y te dices: ya me llamaréis. Y eso es en lo que creo.

-¿Todo esto te hace tener rencor?

-A la profesión no, ya me habría ido.

-Pues a la situación si quieres llamarlo así. O a alguien o algunos.

-A la gente, quizás tampoco, no es bueno… Perdonas pero se queda ahí… Olvidar es otra cosa más difícil. Aprendes a que la gente te utilice, pero eso lo hacemos todos, aquí cada uno vela sus intereses. Pero, joder, a veces, se pasan… Duele, te callas y sé que un día lo sacaré. El que aguanta gana. Miro mucho lo que pasó a El Fundi. Al final porque tuvo la desgracia de la caída del caballo, sino hubiera estado los años que hubiera querido en figura del toreo. Él aguantó. Y ganó. O mira ahora Rafaelillo. Hace nada ni lo querían poner.

-Entonces algo hay de eso, que no digo que sea algo anormal. Todos somos humanos.

-El rencor te lo callas. ¡Claro que lo tengo! Y sé que me hace daño, pero… Repito, el que aguanta gana. Pero también aprendes cosas nuevas, todo esto sirve para seguir aprendiendo.

-¿Como cuáles?

-Que cuando más jodido estás, peor te ven y más te pisan en el cuello. Pero aprendes a vivir con ello también. ¿Sabes? Lo de Céret sí me duele, así de claro, porque eso es por la corrida que toreé allí en septiembre de 2012. Tanto que apoyan como dicen a la Catalunya Taurina… Fui el 2011 allí y me pidieron por favor que me pusiera la barretina. Me la puse por ellos cuando eso ya lo había hecho en Madrid y en Barcelona. Y ya no te digo yo, fíjate, te hablo de mi compañero Jesús Fernández, que le podrían haber dado la oportunidad. Pero cuando más me cabreo, más pienso en lo que creo: esto cambia en nada. En 10 minutos. Un toro.

-Con un año de aquí en adelante en blanco, quitando lo de Perú, ¿se piensa en tirar la toalla?

-Muchas veces he pensado en tirar la toalla. Este invierno no, eso es verdad. A veces hasta dejar de entrenar sin coger un capote, pensar que ya estaba todo listo… Pero solo me duraba unos días porque lo he echado en falta. Y porque pienso que me voy a salir con la mía. Esto no ha acabado. Aunque algunos se alegrarían de que me quitara.

-¿Hasta ese punto?

-Uno menos que pide dirían. Como no lo voy a pensar si ni para una vaca te escuchan. Si hasta un apoderado me quitó tentaderos para dárselo a su otro torero. Si ya te ningunean hasta eso…

-La preparación no puede ser la misma entonces que otros años. ¿O sí?

-He aprovechado más las vacas que he ido tentando, me han servido mucho más que las trescientas de algún año. Con el poco campo que he podido hacer, en eso me he centrado, en pensar mucho más en la cara de los animales, estructurar mis ideas, mi concepto. En que todo tenga un por qué en la plaza. Me doy cuenta que eso es también la madurez que ahora necesito. Ahora ya no puede ser todo a base de cojones, que también, pero con otras cualidades que antes no tenía. Ahondar en mi concepto. Me he visto muy fresco y me tranquiliza. Y me hace volver a creer en mí.

-La propia evolución que trae la madurez del paso de los años. A lo mejor no es recuperar, sino rescatar a aquel torero de los inicios. ¿Está?

-La frescura se pierde con los años. Pero para ser el de siempre, si no toreo es complicado. El de atropellar la razón de los primeros años es que a lo mejor ya tampoco lo quieren ver. Mi identidad sigue siendo la misma, el torero que se va a los medios a la verónica, o se echa el capote a la espalda, y empieza con cinco estatuarios en los medios… Pero tiene que haber más, que lo hay, pero necesito torear para eso. Y ese más son los años de mi carrera, el torero maduro que la gente también puede esperar.

En la cornada del pecho de Ajalvir en 2007, así te lo digo, se me fue el 70% del valor. Así. De golpe. Hay un Serafín Marín antes y otro después de aquel 29 de enero.

-Se gana en madurez, en poso, en técnica, conocimiento… ¿Y el valor? ¿Cómo está ese tema?

-El valor hay días que tienes más y otros días menos. Esto no se repone, se va a borbotones por el agujero de las cornadas y no hay surtidor que reponga. ¿Sabes? A mí se me fue casi el 70% del que tenía en una tarde. Te lo cuento.

-Cuenta.

-Mira, en la cornada del pecho de Ajalvir en 2007, así te lo digo, se me fue el 70% del valor. Así. De golpe. Hay un Serafín Marín antes y otro después de aquel 29 de enero. Ese ha sido el peor momento de mi carrera, y no solo por estar a punto de perder la vida.

-No te quitó la vida pero sí los papeles, te desbarató de los pies a la cabeza.

-Así es, perfectamente. Te recuperas a base de querer, de constancia y superándote en momentos de decir no puedo. Acabas borrando esa palabra. También el físico suple ese valor que se va quedando por el camino. A partir de entonces mi preparación física es muchísimo superior. Y el físico te hace estar fuerte en la cabeza. Es esencial estar súper preparado. Y vas palante con todo.

-¿Se logra poner fin a ese desajuste?

-Yo soñaba con lo de Ajalvir. Tengo imágenes literales en la mente, una película en la que me moría. Estará ahí, pero superado. Lo que me quitó aquel toro me lo devolvió otro. Un día en Añover de Tajo me sale un toro de Alcurrucén que nada más salir lo vi igual que aquel de Ajalvir. El pelo, los pitones, la expresión… Si ese día voy al sorteo, me muero… Se me venía al capote y veía al otro. Eso sí, fue un toro extraordinario, lo cuajé y me lo echaron al corral (cosas que pasan)…

-Entiendo que ese toro no te salió para probarte con la espada, precisamente…

-Me sirvió para quitar ese fantasma de aquella tarde de Ajalvir. Pero me fui feliz. A partir de ahí volví a despegar. Y empecé a valorar todo de más y mejor forma. Hasta entonces, te pegaban una cornada, a los veinte días toreando y no pasaba nada. Pero cuando ves que estás al borde, valoras todo más. Hasta los esfuerzos propios en la cara del toro, algo a lo que ni le echaba cuentas, nunca pasaba nada. Y pasó.

-Hemos hablado del físico. ¿El psíquico que importancia tiene en ti?

-A mi me puede casi más el psíquico. A mi con la mente fuerte no me para en ese momento nadie.

-¿Estás en él ahora?

-Es el momento, pero me falta un poco más: un profesional a mi lado, para mejorar, que estuviera conmigo, que peleará por mí.

Echo mucho de menos a mi padre. Siempre juntos. Aprendes a convivir con ese dolor también, pero en estos momentos de especial dureza, lo echas más de menos, afecta muchísimo.

-¿Y por qué no está?

-Porque no lo he encontrado. Pienso que es algo que me ha faltado en demasiadas veces a lo largo de mi carrera, una mejor dirección.

-¿Quien te queda para refugiarte?

-Mi gente de verdad, la que siempre ha estado, la que me arropa, esa no falla. Mi familia, mis hermanas, mi madre. El ganadero de El Cubo, mi amigo Corpas… Tanto en Sevilla como en Barcelona, mi gente de verdad la que no me deja y cada poco tiempo descuelgas el teléfono para saber como está. Cuando me rodeo de ellos soy feliz y fuerte de todo.

La muerte de tu padre también debió dejar un hueco que no se puede tapar.

-Echo mucho de menos a mi padre, es que es inevitable. Siempre juntos, como padre en todo, sin meterse nunca en mi profesión pero a mi lado. Aprendes a convivir con ese dolor también, pero en estos momentos de especial dureza, lo echas más de menos, afecta muchísimo.

-Falta hablar de otro aspecto. Un torero joven pero no nuevo como tú tiene que hacer balance económico también. ¿Cómo sale?

-A veces sale y a veces no. Épocas mejores y otras peores. Hubo una mala gestión con alguna persona que no voy a mencionar, pero hoy vivo del toro, de vestirme de torero. Justito, pero vivo de ello. No puedo pedir mucho más en esta situación. Te digo que podría vivir mucho mejor. Pero las cosas que pasan ahí quedan. Eres joven, no te falta dinero para tus cosas (porque se facturaba), y no piensas en nada más. En fin, ahí quedó. Eso sí, te digo que esas cosas, de fuera de la plaza, me impidieron estar más centrado en la que tenía que estar.

-Entendido. Estando aquí, en la Monumental, háblame un poco más de tu plaza.

-Barcelona, su afición y no porque sea mi tierra, es una de las mejores que quedan en España. ¿Quién saca a saludar al tercio a seis chavales de la escuela? Eso solo ha pasado aquí porque es pasional. Y exigente, que se puede ser las dos cosas a la vez.

-Después de aquella novillada sin picadores que formaste un buen lío, llegó una primera etapa que no cuajó.

-De novillero con picadores no me querían ver ni en pintura, estaba más verde que una lechuga y no salían las cosas. A partir de la alternativa todo cambió y se volcó por completo.

-Es que recuerdo que llegaste a la alternativa como si fuera el final, no se sentía el calor. Como una especie de ciclo que se repite ahora 14 años después, que no se contaba contigo.

-Totalmente de acuerdo: son ciclos. Aquel año de la alternativa también estaba listo para acabar, lo siento así. Alternativa y para casa, pues solo tenía una tarde más en Girona. Y acabé siendo el triunfador de la temporada, con cinco orejas y dos puertas grandes en tres tardes. Y ahí empezó todo. Una tarde y todo cambió. Eso puede pasar otra vez.

-¿Miedo y presión extra en Barcelona cada vez que toreabas?

-Aquí pasaba miedo. Era mi plaza, mi gente a la que veía al domingo siguiente sentada en una butaca. Tenía una presión añadida hasta que salía el toro. Entonces ya era mi casa. He tenido muchas tardes buenas, también me han pegado cornadas, pero siempre lo he dado todo. Y habré tenido tardes malas, seguro, pero han tenido la sensibilidad de no pegarme ni una bronca, guardaban silencio.

Esto son ciclos. Aquel año de la alternativa también estaba listo para acabar, lo siento así. Alternativa y para casa. Y acabé siendo el triunfador de la temporada, con cinco orejas y dos puertas grandes en tres tardes. Eso puede pasar otra vez.

-¿La mejor faena de tu carrera tiene este escenario? A mí se me viene a la cabeza siempre una faena a un toro de Juan Manuel Criado.

-Ni la de Timonel, coincido contigo. A aquel toro de Criado lo tengo grabado como uno de los mejores que he toreado en mi vida. Ahí no solo hubo el valor para torear así, sino también el toreo de un Serafín Marín que también es así. He demostrado que mi toreo también es eso, es un concepto que va más allá del valor.

-¿Y una tarde dura aquí?

-Una tarde dura en Barcelona fue la del indulto de Ídilico y José Tomás. ¿Ahora que hago yo?, me dije. Aquello fue duro, después de aquello me tocaba a mi en mi plaza.

-Tierra trágame.

-¡Allí había una presión de pensar en torcerte un tobillo y que matara el toro Esplá! Jajaja. Las tres tardes que he toreado con José Tomás en este ruedo han sido de una presión alucinante. Inolvidables. Otro mundo.

-Esta afición catalana, ¿la sigues notando?

-Torear en Madrid, en Zaragoza, encontrarte un autocar de UTYAC y a aficionados que te siguen es muy agradable. Volver a ver las caras el pasado mes de marzo en Alcañiz de esa gente, reconforta.

-Pues aquí volveremos a encontrarnos si se cumple lo que has dicho al principio.

-Este es el mejor sitio. Y apunta claro: no estoy muerto. Un toro en Madrid lo cambia todo. Espero que me pongan porque sé que el de arriba me va a mandar uno. Y voy a dar una buena dimensión.

-Apuntado queda.

Fotos: Pasquina

5 comentarios en “Serafín Marín: sinceridad en su terreno

  1. Més sincer he trobat al Serafín. Tota la sort li farà falta i jo desitjo que la tingui tot i que ho te molt complicat. Enhorabona tambe per la entrevista i les fotografies.

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