El camino no es la agresión. El camino es la razón

Al final pasó lo que no tendría nunca que haber pasado. La agresión a dos jóvenes animalistas acaecida en Tarragona no nos beneficia para nada a los taurinos. Al contrario, debilita totalmente nuestros posicionamientos y nos quita parte de la gran razón que tenemos.


Los taurinos no debemos caer en las provocaciones de estos colectivos minoritarios que lo único que buscan es el protagonismo. Ese protagonismo que no encuentran ni encontrarán nunca en las urnas y que tienen que conseguirlo a base de actos propagandísticos y de provocación como el que nos ocupa. La familia taurina tiene que mostrar siempre el talante, la educación y la cultura que posee. Éste será siempre nuestro mejor estandarte ante la incultura, poca educación e insensibilidad de estas facciones o sectas animalistas.

La agresión nos sitúa en el mismo nivel de estos colectivos. Ese nivel tan primario como el que tienen los animales que tanto dicen defender. Nuestra misión es muy distinta a la de ellos. Ante la vacuidad y perversión de su discurso, los taurinos podemos aportar numerosas argumentaciones en defensa de la Fiesta y es, en este sentido, dónde hay que intensificar la presencia en los medios, redes sociales y en la sociedad. Nuestra misión no es la agresión sino desmontar su montaje subvencionado por la hipócrita Holanda. Nuestra misión es mostrarles sus orígenes que seguramente desconocen, los de la Alemania nazi de Hitler que fue pionera en la protección de los animales en su vertiente más radical e intolerante. Nuestra misión es poner en evidencia ese discurso con visos de terrorismo que vomitan en las redes sociales. Nuestra misión es conseguir que, de una vez por todas, los aficionados podamos asistir libremente a la plaza, a Congresos y a actos taurinos sin tener que soportar las agresiones verbales de estos colectivos ante la pasividad de las fuerzas de seguridad.

Cualquier otro tipo de comportamiento parecido o igual al de estos “inquisidores” nos deslegitima y nos aboca aún más a ese gran callejón de incomprensión donde estamos todos aquellos que sabemos apreciar la belleza, plasticidad, estética y arte del espectáculo taurino. El camino no es la agresión, el camino es la razón.

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