Raúl Cuadrado, matador de toros: “Estudié veterinaria para limpiar mi karma”

El torero Raúl Cuadrado fue el invitado a la primera cena-coloquio de la UTYAC del año.

El pasado viernes, 3 de marzo, Cuadrado, a través de las preguntas que le formulaba Paco Píriz, presidente de UTYAC, habló de sus inicios en el mundo del toro, repasó su trayectoria y explicó su vida en la actualidad.

Su padre, muy aficionado, le inculcó la pasión por la tauromaquia desde muy pequeñito. Como curiosidad, contó que hizo la comunión vestido de corto y ese mismo día toreó una becerra.

Pero con 14 años, él y su família dejaron Salamanca para ir a vivir a Barcelona y tuvo que dejar también la Escuela Taurina de Salamanca, donde llevaba dos años apuntado. Una vez en Catalunya se alejó del mundo taurino y no fue hasta que conoció a Omar Guerra, dos años después de llegar, que volvió a centrarse en la tauromaquia. Junto a él, a Vicente Osuna, a Antonio Barrera, a César Pérez, entre otros, empezó a entrenar en Montjuïc. Cuando llegaba el invierno alquilaba una habitación en Salamanca e iba de tapia en las ganaderías de la zona para tener contacto con el animal.

De su carrera recordó las cuatro tardes en Madrid, tres de las cuales terminaron con percances graves. En tres ocasiones tuvo que pasar a la enfermería después de serias cornadas. La primera, en la tarde del 4 de septiembre de 2005, no le afectó psicológicamente, porque “estaba en un buen momento, sabía que ese día o triunfaba o me dejaba matar“. Sin embargo, las otras dos cornadas, ambas entrando a matar, sí que le causaron más dudas y “me quitaron el poco sitio que tenía matando“. También lamentó su actuación en la tarde que toreó en San Isidro con la novillada de Bucaré en 2006. Todavía estamos corriendo, a diferencia de las otras tres tardes en Las Ventas esta vez no estaba dispuesto a cruzar la raya“, se sinceró el torero. Ese mismo año, tomaría la alternativa en la Monumental de Barcelona con Alfarero, de Jaime Brujó. Su padrino fue Manolo Sánchez y el testigo Juan Diego. Cuadrado comentó que “en Barcelona toreé unas diez tardes, debuté con caballos y tomé la alternativa. En cambio en Salamanca no he toreado nunca, creo que no me dieron la cancha que merecía. Allí me consideraban catalán y aquí salmantino, eso pudo jugar en mi contra. No haber podido torear en Salamanca es una espina que me llevo. Alguna vez he pensado en reaparecer solo para poder torear en la feria“.

Tras un año de inactividad por problemas legales con su apoderado y con la ilusión debilitada se retiró de los ruedos en 2008. “Ya no tenía ilusión para seguir entrenando, tampoco quería ser banderillero. Mi objetivo era ser figura del toreo, pero siempre he sido muy honesto conmigo mismo y supe cuando tenía que irme“.

Posteriormente, desvinculado del mundo taurino, empezó a trabajar de camarero. “Durante un año estuve muy desubicado. Pasé de no tener jefe ni horarios a tener unas obligaciones que cumplir“, reconoció el salmantino.

Cerrada la etapa taurina decidió abrir otra, la de los estudios. Realizó las pruebas de acceso a la universidad mayores de 25 años y empezó a estudiar veterinaria en la Universitat Autònoma. Cuadrado afirmó que: “estudié veterinaria para limpiar mi karma. Siempre he tenido mi lucha interna, pero en el segundo año de carrera me di cuenta que vería más animales muertos que si hubiese seguido en el mundo de los toros“. Actualmente, ya graduado y con la afición intacta, trabaja como veterinario en un centro de investigación con un centenar de trabajadores y su tiempo libre lo emplea en su familia y a su gran pasión: la cetrería.

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