Talavante conquista Palma al natural

Tres cuartos de entrada registró el Coliseo Balear en una noche marcada por el triunfo de Alejandro Talavante, que abrió la puerta grande tras cortar tres orejas en una corrida desigual de Núñez del Cuvillo, en la que destacó de forma sobresaliente el extraordinario quinto, premiado con un arrastre lento entre una sonora ovación.

Antes del paseíllo, la empresa rindió homenaje a Nacho Deià, que recibió una placa conmemorativa con motivo del 175 aniversario del Círculo Mallorquín.

Abrió plaza un jabonero que despertó expectación desde su salida por chiqueros. José María Manzanares lo meció con gusto a la verónica ante un animal que humilló en el capote, aunque pronto acusó una evidente falta de fuerzas. Ya con la muleta, el alicantino encontró mayor respuesta por el pitón izquierdo que por el derecho, logrando ligar dos tandas templadas gracias al tiempo y la distancia que supo conceder al bravo. La faena nunca terminó de romper y una estocada contraria dejó todo en silencio.

El segundo permitió a Alejandro Talavante dejar los primeros destellos de una noche inspirada. Lo recibió por ajustadas chicuelinas en la boca de riego y, ya con la muleta, entendió a un toro que protestaba por arriba y falto de transmisión. Toreando siempre a media altura, tapó los defectos del animal hasta construir una labor creciente que remató por ajustadas bernardinas. Una estocada en lo alto desató la mayoría en los tendidos, que pidió con fuerza una oreja de ley, finalmente concedida.

El turno de Andrés Roca Rey llegó con el tercero al que saludó de forma discreta con el capote. Inició la faena a pies juntos en el tercio frente a un toro con transmisión. El animal tuvo condición por el pitón derecho y terminó por romper por el izquierdo, derrochando nobleza. La espada, caída, y el posterior descabello enfriaron un triunfo. Fuerte petición sin premio.

El cuarto confirmó las dificultades del encierro. Un toro que embestía con las manos por delante y que mostró sus limitaciones desde el mismo momento en que salió por chiqueros. Manzanares tiró de oficio, insistiendo por ambos pitones hasta encontrar algo más de entrega y profundidad sobre el pitón izquierdo. No acabó de entender el alicantino al animal y enterró el acero con una gran estocada recibiendo que le valieron la oreja.

Pero la noche cambió por completo cuando apareció el quinto. Talavante lo recibió meciendo el capore y lo paró toreando a la verónica. Inició la faena de rodillas. Pronto quedó claro que estaba delante del toro de la corrida: con recorrido, clase, transmisión, fijeza y una nobleza extraordinaria. Un auténtico toro de lío gordo. El extremeño lo cuajó al natural, primero por el derecho y luego con temple y al compás por el izquierdo construyendo una obra medida, profunda y rotunda que conectó con los tendidos. Dos orejas al temple y la nobleza, mientras el animal era despedido con una sonora ovación en un arrastre lento.

El sexto puso el punto final a la corrida. Roca Rey lo saludó con ajustadas chicuelinas rematadas con dos medias verónicas, pero pronto comprobó que tenía delante un toro sin clase ni casta. Se rajó muy pronto el de Núñez del Cuvillo, buscó las tablas y apenas ofreció opciones. El peruano aún logró arrancarle algunos muletazos sueltos antes de mandar al animal al desolladero.

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