El triunfalismo de Perera

Se llama Perera y muchos aficionados, sin demasiada exigencia ni criterio, le consideran figura del toreo. Perera picotea más que la famosa gallina blanca de Avecrem. Usa el pico en la plaza en su clásico destoreo moderno con la pierna retrasada y lo usa, también, fuera del ruedo cuando encuentra un micro en su camino. Hace unos días se despachó a gusto contra la exigencia del tendido 7 de Madrid y bordó su discurso al decir que en el toreo sobraban puristas y faltaba triunfalismo. A Perera no le gusta que se le exija una buena colocación delante del toro. Al igual que a El Juli, que a Morante y que a  sus otros colegas de comunicados, le va el público fácil, el que traga con todo y jalea sin cuento cualquier mantazo. Le va la Fiesta con la verbena de las orejas y los indultos a toretes bobalicones y vacilantes. Le va el triunfalismo que no cuestiona nada y lo tolera todo. Cuando la Fiesta está siendo acosada por políticos de medio pelo, las figuras continuan torpedeándola desde dentro con el supuesto retorno del afeitado en Pamplona y la imposición de un espectáculo desnaturalizado, repetitivo en el que, según Perera, le falta triunfalismo. Parece de chiste pero no hace gracia alguna. En vez de reclamar triunfalismos y más comodidades lo que tendría que pedir Perera es la unión de todos los profesionales taurinos para iniciar actos y acciones de calado contra la marea antitaurina e inquisitorial que pretende cargarse la Fiesta desde fuera. ¡Claro que ellos lo hacen desde dentro!

 

Foto: Samuel Sánchez

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