Maxime Solera y Enrique Guillén apuestan por la lidia completa

La Semana Cultural Taurina de L’Hospitalet de Llobregat dio el pistoletazo de salida con una interesante conferencia protagonizada por tres toreros.

En la Peña Taurina Ángel Lería de Zarza Capilla se juntaron el propio Lería, que actuó como moderador; Enrique Guillén, que aportó la voz del apoderado y Maxime Solera, que nos habló como torero.

Tras un repaso de la trayectoria de Guillén, el último en doctorarse en la Monumental de Barcelona, se dio paso a la historia de la familia Solera. Una familia muy ligada con la Catalunya taurina desde hace décadas. El abuelo, Rafael Solera, exiliado de la Guerra Civil y combatiente en la II Guerra Mundial, abría las puertas de su casa de Port-Vendres a todos los toreros catalanes que toreaban en Colliure. Posteriormente, el padre, también de nombre Rafael, intentó ser torero, al igual que su hermano Miguel. Pasaban largas estancias en Barcelona y mantuvieron buena relación con muchos de los profesionales catalanes.

Curiosamente, otro Solera vendría años después a Barcelona, con una situación muy distinta, también a intentar ser torero. Pero Maxime Solera, a pesar de tener este ambiente familiar tan taurino, esperó hasta los 16 años para tomar la decisión más importante de su vida, la de querer ser torero. Maxime comentó que no fue por su falta de afición sino por un cúmulo de circunstancias que lo fueron retrasando. Hasta los 16 años jugaba a tenis a alto nivel e iba enfocado a dedicarse profesionalmente a ese deporte, pero no fue hasta la vuelta de su padre a labores de banderillero cuando se decidió a dar el paso. Además, reconoce que de pequeño le daban mucho miedo los toros debido a que su hermano Rafael era rasseteur (recortador de la camarga) y sufría por él. Ahora, comenta Maxime que las tornas han cambiado y es su hermano el que tiene miedo de los toros por culpa de Maxime.

A partir de ahí, en 2009, se apuntó en la Escuela Taurina de Arles, donde pasa 4 años antes de cambiar de aires. “Yo entrenaba cada día con los profesionales de Arles pero no me daban novilladas. No me hacían ni caso y me fui a la Escuela Taurina de Nimes donde sí que me ayudaron”. A principios de 2015, con la ayuda de Brigitte Dubois se pone en contacto con Víctor Mendes para ir a entrenar con él. Tras la llamada telefónica, el luso le citó sin ofrecerle más detalles para el día siguiente. Ahí pasaría tres meses de entrenamientos muy duros. “Con Víctor Mendes aprendí la mentalidad y la raza que tenía que tener una figura”, explicó el francés.

Los caminos de Guillén y Solera se cruzan en una novillada sin caballos en Alcorisa. En ese momento Maxime solo llevaba toreadas 10 novilladas de 1 novillo a pesar de su debut en 2009. Solera recuerda que “yo lo di todo en esa novillada, di lo mejor que tenía. Luego en el hotel Enrique, sin conocerme, me quería matar. Es duro pero te ayuda a ver la realidad”. Sin embargo, a pesar de la mala primera impresión Enrique, junto a Iván López, le ofrecen más novilladas sobre todo por las buenas historias que había escuchado de la familia Solera. La temporada 2016 es la primera en serio. Torea 20 novilladas sin picadores y “aquí ya empezó a competir” según cuenta Enrique. A final de esta misma temporada, debutó con picadores en Marchamalo y las cosas no fueron nada bien. La siguiente fue una novillada en Peralta y Enrique advirtió a Maxime de que esta era la última oportunidad debido a la dificultad para conseguir novilladas picadas. Pero Solera se la jugó y acabó ganando el prestigioso certamen de Peralta compuesto por 5 novilladas con novilleros punteros. “Hasta ese momento me unía una relación más profesional que afectiva, pero ese día vi que este era mi gallo”, comentó el apoderado.

El año 2017 fue clave para el novillero. Toreó 11 novilladas y 6 festivales y se ganó a la exigente afición francesa tras sus buenas actuaciones en Boujan sur Libron con la de Dolores Aguirre, Ceret con la de Raso de Portillo y Carcassonne con la de Miura. Guillén explicó que uno de los factores diferenciales de Maxime con el resto es que “muchos van a matar esas novilladas y él va a triunfar con ellas”.

A pesar de la dureza del circuito en el que están, ambos se sienten cómodos. “Nos gusta una lidia completa, lucir el toro en el caballo y vamos a apostar por eso. Queremos darle al aficionado lo que pide”, aseguró Guillén. Además, Maxime explicó que “yo estoy abierto a matar todos los encastes sin excepción, pero prefiero torear con Rafaelillo que con Morante”. Solera no quiso terminar la charla sin mencionar su relación con Ceret. “Para mi Ceret es muy especial. En lo personal porque mi familia es de la zona y porque he ido a ver siempre las corridas y en lo personal por la repercusión y la importancia. El día de la novillada de Raso de Portillo veía a todo el mundo asustado y para mi estar ahí era un objetivo cumplido”. Tal es su respeto y admiración por Ceret que “cada vez que voy a las plazas pongo la canción del paseíllo de Ceret, es la música oficial de la furgoneta y eso me mentaliza”.

De cara a esta temporada, que se prevé intensa, comentan ambos que veremos un novillero que se entrega cada tarde, que busca darle importancia al toro y a todos los tercios, que pondrá el toro bien colocado en el caballo y que trabajarán para que en cada novillada pase algo importante. “Cuando vas a ver a Maxime, la entrada la amortizas seguro” sentenció Enrique Guillén.

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