Orejas para todos

Pasada la feria de abril sevillana, pensamos que Madrid era el último reducto de seriedad, rigor y verdad. Ahora, tan solo un mes después y en medio de la feria de San Isidro, la concepción que tenían los aficionados sobre Las Ventas se tambalea.

Llevamos dos semanas con gran cantidad orejas cortadas, alguna salida a hombros y otras evitadas por el presidente, aficionados entusiasmados con las manos rojas de tanto aplaudir y afónicos de tanto gritar ¡bieeen! y protestas a los que se quejan del espectáculo del que tanto están disfrutando. Leyendo esto uno puede pensar que la tauromaquia está salvada, pero esto no deja de ser el resultado de la decadencia de la fiesta.

Un listón de exigencia que varía tarde tras tarde permite regalar orejas a aquel que sabe vender medianamente bien su faena sin importar la pureza de su toreo. Unos que se hacen llamar profesionales que piden las orejas desde el callejón. Un público que no se fija en la colocación del torero, ni si éste carga la suerte o no, ni en el desplazamiento para afuera del toro al finalizar el muletazo, ni donde va a parar la espada, ni en un largo etcétera de ventajas que hasta adoptan los novilleros. La disposición, las ganas y la guapura son los argumentos esenciales para cortar una oreja en la plaza que hasta ahora te lo daba y quitaba todo.

La falta del toreo eterno, la desaparición del tercio de varas de la lidia y la temporada de rebajas en el que se encuentra Madrid no parecen preocupar al público venteño. Tampoco les quita el sueño su orejitis, que no otitis, ni su afán por hacer que un torero triunfe independientemente de lo realizado en el ruedo. Ya va siendo hora que se modifique el reglamento para que sea necesario desorejar un toro para poder salir por la puerta grande y devolver así un poco de seriedad y dignidad a Las Ventas. Porque cuando lleguen los 2×1 ya será demasiado tarde…

Madrid tendría que dar un giro radical y volver a ser lo que era, una plaza dura, exigente pero sin dejar de ser sensible, donde no se tolere el toreo ventajista, donde no se mantengan en el ruedo los desechos ganaderos que pretenden colarnos y donde el triunfo sea el premio a una gran faena. De no producirse el cambio, el grado de compromiso y esfuerzo por parte de los toreros podría verse afectado, la repercusión del triunfo, si no lo ha hecho ya, caería por los suelos y el aficionado, que ya está harto, abandonaría su tendido y dejaría el destino de Las Ventas en manos de aquellos que menos les importa. Llegados a este punto solo nos quedará aplaudir… y Ceret.

 

Un comentario en “Orejas para todos

  1. Felicidades al autor por la valentía de su artículo, es sabido que el sector taurino (y tristemente también algún sector de “aficionados”) al aficionado que exige se le tacha de amargado, reventador, (baja tú)… incluso de “antitaurino”, por poner en evidencia una realidad y no consentirla o suavizarla hipócritamente. Y en algunos casos esa realidad se oculta interesadamente, lo que sin duda es mucho más grave.

    Más allá de la coincidencia de cada uno con la opinión del autor en su criterio, creo que estaremos todos (o casi todos) de acuerdo en que si cae Madrid, la exigencia, la importancia y la verdad de Madrid, el fin de la tauromaquia estará más cerca.

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