Dos tipos de afición

La fiesta de los toros genera controversia no solo en los ambientes antitaurinos sino también entre los propios aficionados.

Se puede decir que entre la afición se han generado dos espectros muy diferenciados y cada vez más distanciadamente opuestos y enfrentados. Unos defienden la pureza del espectáculo, exigen la presencia e integridad del toro y no toleran el fraude; los otros se erigen en máximos defensores del torero y, sobre todo, de las figuras y no se escandalizan para nada si el toro no tiene presencia o ha pasado por el salón de belleza para ponerse en manos del estilista. Las dos opciones suelen enfrentarse en las redes sociales, en las plazas, etc siendo la afición torerista quien, por su populismo, atesora una cómoda mayoría absoluta.

Con los medios y portales taurinos a su favor, no duda en hacer valer sus gustos y preferencias sin atenerse a juícios demasiado profundos que puedan cuestionar la valía del tipo de Fiesta que defiende. Como suele ocurrir en el terreno de la política, las dos opciones son respetables y válidas y, en este sentido, bueno sería que las disensiones y distintos pareceres no se saldaran con exabruptos ni se tomaran a nivel personal. Personalmente conozco a aficionados cabales con los que difiero tanto ideologica como taurinamente pero a los que admiro por su coherencia y convicción. La divergencia no puede tomarse nunca como una cuestión personal. Hay aficionados toristas con los que comulgo íntegramente en sus planteamientos y, sin embargo, no me iría de copas con ellos. Y al revés. Y si no vean el ejemplo de nuestros políticos  que después de zarandearse en el Congreso se van a comer juntos amistosamente.

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