Igual que hace 50 años

En la temporada del 1966, un total de 112 matadores de toros actuaron ese año en España y tan sólo 30 diestros pasaron de las 20 actuaciones que garantizan un mínimo de desenvolvimiento económico.

Y del resto, solo 19 pasaron el fielato de las 10 corridas. Por tanto hubo 69 matadores del escalafón que no llegaron a las 10 tardes y de ellos 33 que vistieron el traje de luces una o dos veces. Añádase a esto que más de una veintena de novilleros tomaron la alternativa en 1966 y que para la mayoría de los cuales, la soñada tarde del doctorado coincidió casi con la de su despedida.

Este hecho, que pasaba hace cincuenta años, sigue sucediendo hoy en nuestros ruedos. La imposición de las figuras de turno imposibilita que se abran los carteles a los triunfadores advenedizos. A los toreros jóvenes que no están dentro del sistema, les echan los empresarios al no darles contratos, les echan sus compañeros, las figuras, que llegan “dando codazos” y vetándolos.

En la temporada de 1966 subyacen en la Fiesta los mismos problemas que en la actualidad. Cincuenta años después, seguimos hablando de la mafia, del fraude y del engaño. En 1966, por ejemplo, los facultativos de la plaza de toros de Alcalá de Henares instauraron la teoría de que lo que es novillo en Madrid puede ser toro en plazas de tercera categoría. En la plaza de Logroño, la irritación del público llegó al extremo de que fue preciso devolver a los corrales la mitad de las reses lidiadas de una de las corridas de la feria por falta de trapío. Parece que nada ha cambiado desde entonces. El monopolio empresarial, los vetos, la cómoda presentación de los toros, etc.

También los antis… “Todo espectáculo cruel es reprobado por la Sociedad Protectora de Animales, por lo cual, las corridas de toros quedan incluidas en dicha reprobación. Y si tenemos en cuenta las víctimas humanas de las fiestas taurinas, que han adquirido mayor relieve en estos días, con la muerte de un banderillero, son más reprobables“. Esta era la opinión de don Pedro Fernández director de la Sociedad Protectora de Animales y Plantas en 1966. Hace cincuenta años, pues, ya estaban los animalistas pidiendo la supresión del espectáculo taurino y ahí seguimos.

Cincuenta años después, toda la problemática actual de la Fiesta supone un cierto dejà vu. Una especie de “más de los mismo”. Los tiempos no han cambiado. El problema es el mismo que tenían en 1966 pero amplificado por las redes sociales.

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