La prohibición de “Pedrito”

Imagino que Pedro Balañá, “Pedrito“, como se le conoce en el ambiente taurino, habrá tenido el suficiente tiempo para meditar, recordar y valorar la gran obra de su abuelo.

Imagino que habrá percibido, en las fotos de su álbum familiar, la gran pasión que su abuelo sentía por la Fiesta y lo mucho que hizo para situar las plazas de toros de Barcelona en lo más alto del planeta taurino.

Imagino, también, que la decisión de prohibir la celebración de espectáculos taurinos en la querida Monumental de su abuelo ha sido tomada a sabiendas que suponía un acto de traición a los aficionados pero también a la maravillosa e increíble obra del viejo Don Pedro.

«Balañá es más taurino que todos los taurinos juntos. Balañá pertenece a la clase de los empresarios águilas. Su rostro lo delata. Aguileño es su perfil. Aguileña su mirada, que otea constantemente el horizonte del planeta de los toros a la busca y captura de los que lancen un destello. No temáis que a Balañá se le escape. Caerá sobre su presa como el águila sobre la suya. Y bien prendida la hará descender en el ruedo de la Monumental de Barcelona. (…) Balañá es un romántico. Romántico es sinónimo de sentimental y altruista. (…) Nadie que no sea sentimental puede andar y desenvolverse en el planeta de los toros. Balañá habrá olvidado la materialidad de unos números para sentir el palpitar del estremecimiento producido por la multitud entregada al arte de un torero que Pedro Balañá, con su mirada de águila, llevó al ruedo de su plaza». Con estas palabras, el crítico taurino Antonio Díaz Cañabate hacía, a principios de 1952, un vivo retrato de Balañá en la revista El Ruedo. En este mismo año de 1952, a finales de temporada, el viejo Balañá es homenajeado por toreros, ganaderos y aficionados que supieron agradecerle una temporada de abundantes festejos taurinos que el revistero Don Ventura calificó como la del cuerno de la abundancia.

Imagino que a Pedrito le habrán explicado y habrá podido leer como era su abuelo. Y lo mucho que hizo por la Fiesta y el cariño que se granjeó entre todos los que conforman el mundo del toreo. Imagino, que cuando ha decidido que prohibiría la tauromaquia en Barcelona, lo ha hecho a sabiendas que se cargaba, “de momento” y de un plumazo, la ingente obra que levantó Don Pedro Balañá Espinós. Imagino que es consciente que nadie podrá hablar de él como hablaron de su abuelo. Pedrito no ha heredado el romanticismo que Cañabate atribuía a su abuelo ni ha olvidado la materialidad de unos números para sentir el palpitar de unos aficionados a los que ha traicionado.

Lo que no me imagino es la imagen del viejo y admirado Balañá al lado de la alcaldesa Colau y sus secuaces, sumiso a las pretensiones de quienes nos gobiernan y reniegan del esplendoroso pasado taurino de Catalunya.
Parafraseando a Cañabate, Pedrito es el más antitaurino de todos los antitaurinos juntos.

Pedrito no es un romántico. Romántico es sinónimo de sentimental y altruista. Nadie que no sea sentimental puede andar y desenvolverse por el planeta de los toros. ¡Pues eso!

Foto: José Luis Cantos

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